Tormenta eléctrica

El calor ha dado paso a una tormenta que electriza y refresca al mismo tiempo. La tormenta está provista de rayos y truenos, que descargan en un pum de miedo. Pero el miedo hay que dejarlo, para disfrutar hasta de tormentas como esta. Suelen sonar sirenas no de mar sino de ambulancias o policía antes de la tormenta, eso es algo que siempre me ha sorprendido. Las sirenas que quizá al estar todo más silencioso pues aprecio mejor. Eso me inquieta, esas sirenas. Imagino vidas al límite y me agobio, pero ya descarga la tormenta y parece que se calla todo y sólo se oye el plof plof de las gotas contra el suelo de la terraza. Qué lleno de sonido está todo, qué gracias por escucharlo todo, con esa precisión de músico…

Me dan miedo las tormentas pero también siento alegría que llueva y el calor se lleve, un calor que apretaba las membranas de la esencia y no dejaba respirar ni a bocados, que por fin, calados, respiramos.

Es bonito el rayo, que se lo pregunten al gran Parménides de Elea que escribió sobre él, el rayo es la luz donde se concentra la mismísima oscuridad, el contraste de contrastes, el rayo que es mortal y decisivo. Hay que contar los segundos del rayo al trueno para saber dónde se esconde la tormenta, pero muchas tormentas están tan bien escondidas que ni se atisban.

Remitirá lluvia pone en este ordenador. Ahora parece que estos cacharros saben todo, sea como fuere, que podamos escuchar muchas tormentas eléctricas….

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