Baile

Por fin salí de noche y bailé. Después de un año pandémico, de un año raro, extraño, que nos ha cambiado a todos, que nos ha vuelto memos sensibles o menos acostumbrados a burradas, que nos presenta el telediario a diario, he bailado.

Dicen que te quiten lo bailado, pero espero que aún me quede mucho por bailar. Bailar eso de dejarte llevar por la música , es algo que no tiene comparación. Me gusta cuando mi madre baila mientras plancha o me sorprendo bailando haciendo cualquier cosa… Bailar se ha convertido en una exquisitez, en algo que no veía desde hacía años, en cualquier bar, y era ilógico porque en la pantalla del bar exponían un concierto con gente llena de mascarillas, y yo bailaba en el bar sin mascarilla, algo inconcebible, quizá arriesgado, pero necesario.

Es necesario olvidarse de vez en cuando de la pandemia que nos acompaña y acompañará, es necesario hasta saludable si me apuran. Ayer los sones agitaban mi cuerpo enlentecido, lleno de quietud pandémica y de precaución enfermiza casi.

Qué alivio bailar, sin preocuparse por nada, solamente siguiendo el compás de la música o cantando las letras a berrido limpio, qué alivio y qué felicidad.

Ya no bailaba nada en mi mente, reconocí que ni siquiera siento mariposas internas, pero, ahora tras este baile iniciático, espero poder seguir bailando porque la orquesta debe ser la última en abandonar el barco y yo me resisto a abandonar.

Ha sido una época dura, adusta, seria, demasiado tremenda para imaginárnosla hace dos años.

Vayan mis recuerdos para todos los que nos han dejado en este pandemia endémica, y para quienes no crean en la magia, comiencen o sigan creyendo en ella, existe.

La magia está tras cada esquina, en la que no sabes lo que encontrarás, tras cada cambio del camino en el que el misterio alumbra curiosidades de otros tiempos o de estos.

Hemos perdido valores éticos, nos hemos dejado abandonar por un materialismo inútil, pero quizá haya valido la pena, sólo por bailar y todo olvidar, en un momento para salir enmascarillarse y volver a casa con una luna mora.

Las luces de las farolas eran mágicas, las calles vacías o casi, invitaban a la paz y solo en mi cabeza nada daba vueltas, yo misma las daba. Encontré el ritmo perdido.

Leave a Reply

Fill in your details below or click an icon to log in:

WordPress.com Logo

You are commenting using your WordPress.com account. Log Out /  Change )

Twitter picture

You are commenting using your Twitter account. Log Out /  Change )

Facebook photo

You are commenting using your Facebook account. Log Out /  Change )

Connecting to %s