Tocada pero no hundida

Me han cosificado, me han hecho sentirme una cosa más más que una verdadera persona, han llegado donde la dignidad toca con la humildad y como ese juego de barcos, me han tocado, jamás hundido. Somos demasiado superficiales para saber qué hay en las profundidades, pero de alguna forma sé que tras el daño está el aprendizaje, que he bajado el ventanuco de mi cañón en mi barco perdido por el mar de la duda eterna, de la inseguridad que mata sin quererlo.

Y sólo deseo que quién me ha hecho este daño no sienta jamás lo mismo, es demasiado duro para cualquiera que se precie, y no busco venganza, la venganza no sirve para nada igual que la estúpida culpa, sólo sirven para que acabemos ojo por ojo y diente por diente, ciegos y desdentados en un mundo que agoniza lleno de fantasmas que buscan más el bien propio que el ajeno.

Así que he aprendido, algo, mucho si acaso, detrás de tu daño está mi fortaleza y de tu desdén mi pequeño vaivén oleado en el que me columpio como una niña que sabe que un día será pez mas tú no alcanzarás mi pecera.

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