Cuarenta días

Cuarenta días en los que enmendar mi culpa, cuarenta días en los que arrepentirme, cuarenta días para mi vida, bueno, para Ti mi vida.

No creo en la culpa , jamás creí pues me confesaba una gran alma. Sería bonito comenzar hablando de mi confesor, una persona , José María a quién se le escapaba el alma en la mirada azul , algo verdosa, pura. Yo, con mis impurezas, iba agobiada, y me confesaba con sinceridad, con pena pero con la alegría o la esperanza de ser perdonada, Y ya lo creo que obtuve respuesta, perdón, de tal forma que tras la ascensión al cielo de mi confesor, jamás he vuelto a confesarme. Y creo que jamás me confesaré porque mi pecado es grande, pero el perdón de Dios es como los ojos azules verdosos de mi confesor por los que asomaba su alma, inmenso, infinito. He caído mil veces, millones, pero Dios siempre me levantó , ya no quiero recibir la absolución de otro confesor, me quedaré con el recuerdo o con su última absolución. Adiós Padre, le decía, e iba corriendo a rezar mi penitencia, que siempre me parecía ligera.

Mi confesor , el padre José María, sabía alemán, pero sabiendo el idioma del corazón, del alma, siempre me sentí escuchada, comprendida y aliviada. Iba nerviosa, pero él me hablaba como a una hermana, así que no me avergonzó nunca caerme mil veces, porque él me enseñó que en cada caída Dios me tendía la mano.

Una vez comprendido esto la culpa me ha parecido algo que jamás me alejará del Señor, porque pecar es volver a empezar y me siento sanada

Al padre José María:

Tu mirada infinita tu corazón rebosante

tu buen carácter y buen talante

se me antoja que de cada llaga del señor

nace una flor de paz y amor

que en cada latigazo

se producía un abrazo

y así

a golpes , como al recién nacido se le quita el líquido amniótico

tú me quitaste el miedo a pecar como antibiótico

Padre José María

Te amo tanto no por todo lo que me enseñaste en vida

sino que con tu ejemplo

tuve la fortuna de ver de Jesús el mismo rostro

y me enamoró

hasta el punto que no he vuelto a confesarme

porque sé que sólo puedo confesarme contigo

así que prometo temblar ante Dios mediante ti, si me lo permites

no por ello he dejado de pecar

sino que busco la filosofía de amar

esa que tú me enseñaste a sentir y casi comenzó en esas confesiones

en las que iba nerviosa y tú me devolvías la inocencia en pequeñas infusiones

de esa vez que fuiste conmigo, padre, hermano y conversión de mis males en bendiciones

por eso y mucho más te amo

te amo con ese amor incondicional, inocente y supraterrenal

y te agradezco que la absolución que llevo por los adentros

sea la tuya en todos los momentos

gracias por mostrarme

que Dios perdona

y hacerme sentir nueva y purificada

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