Lo que queda, toque de queda

Es algo más que alarmante, no que te manden a casa a las diez o que cierren los bares para una eternidad, sino lo que peor llevo es que la gente muere y muere sin remedio, sin tratamiento, o con él, pero muere. Es lo más triste de todo, a mi no me importa confinarme o lo que quieran, lo que en verdad me resulta virulento es que la gente está muriendo, las personas, las madres, los padres, los hijos, las hijas, hermanos, hermanas, y ante eso, me da igual el toque de queda, mientras que lo que quede sea la vida.

De todas formas, he intentado e intento desarrollar mi espiritualidad en días robados a la realidad misma, y encuentro respuesta a cada llamada, consuelo para cada llanto y mano tendida en cada caída.

Sé que no volveremos a ser los mismos, que la nueva normalidad es una fatalidad, y que este coronavirus ni siquiera ha posibilitado que la medicina sea más individual, más centrada en cada enfermo , que es un mundo. Pero esto es exagerado, tampoco hay medios para llevarlo a cabo, una medicina al individuo es imposible.

Aún así, no me resigno a expresar lo que siento, que toca un toque de queda, pues lo que nos faltaba. Yo no es por no obedecer o por revolucionarlo todo, pero han puesto tantas normas que va a ser complicado saltárselas una a una como vi escrito en algún sitio.

No es ya que quiera desobedecer, sino que deseo que los enfermos se curen, que el coronavirus no sea sino una pesadilla, que acabe ya, no ya que se “quite” o cosas así, pero en fin, que den no ya con la vacuna milagrosa, sino con un tratamiento eficaz y eficiente.

Lo que nos queda es un toque de queda, pero siento que aún queda mucha noche por disfrutar y robar a la desproporcionada ley de gravedad.

Vamos a afrontar meses difíciles, pero hay esperanza, en cada nacimiento nuevo de un bebé o de un nacimiento de cualquier sentimiento de amor y paz.

Nos queda la tabarra del toque quédico, pero yo no me quedo, no, más bien un lamento quedo sale por mi aburrida mente que desea ver imágenes bellas, pinturas bonitas y no sé por qué.

No sé por qué me sucede, pero espero comprarme revistas o verlas en internet y conectarme a museos o galerías de arte porque se me antoja que el arte es el único respiro que me queda ante tanto toque de queda.

Y uno se queda quieto, estático, con rabia o aceptando la situación, de todas formas la incertidumbre de la ocasión viene que ni pintada para mandar un mensaje embotellado de esperanza.

No, lo que nos molesta no es el toque de queda, ni el cierre de bares, lo que nos molesta o eso espero es que la gente, las personas, nosotros morimos.

Algo muere cuando nada queda

Nada queda cuando todo muere

O quizá quede todo , o algo de esto, la sensación de que podemos con todo , de que no es que seamos resilientes, palabra tan a la moda, sino sencillamente que somos fuertes, aunque el que las personas mueran me atraviesa el alma como una espada de doble filo, por una parte el dolor de la pérdida, por otro el dolor de que quizá se podría haber evitado.

Eso inquieta y no el toque de queda.

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