Viento caluroso

Hoy se ha levantado, al atardecer un viento caluroso, va a haber un cambio térmico de todas formas en todo el país, así que supongo sigo siendo la afortunada que estrena pantuflas en una playa sureña. Y sí , me siento afortunada, por muchas razones, pero la principal es que siento, siento como ese caluroso viento que va y viene y despeina mis pensamientos y levanta pasiones de lejanos tiempos. Un día fui nube , lo sé porque muchas veces se me carga el alma como si fuera a llover, otras, un cielo despejado y un sol radiante me vienen a sorprender. No me atrevo a ver el mapa, a ver cuán lejos estoy de casa, no me atrevo a otear el horizonte por si el viento caliente marease mis sensaciones. Es curioso, cuanto más me alejo de mi hogar, ese lugar que el destino reservó para mí, o que mis padres decidieron por y para mí, como si no tuviera yo capacidad alguna de decisión, en verdad soy como el viento, me he dejado ir. Y me he dejado ir tanto tiempo que se me antoja que mi voluntad es más o menos un fantasma que asoma por las columnas de mi soledad.

Sin embargo también decido, aunque siempre lo haga a mi contra, porque no es que piense en los demás sino más bien pienso demasiado en mí y poco en los demás. Soy una egoísta, lo confieso, es mi principal pecado y mi principal defensa, porque tengo que superar un temporal, un temporal que no es normal que me tiene de cabeza por el paso de la trenza, una trenza que lo mismo que se une en sí misma, se deja de lado todo lo demás, se entremezclan las idas y venidas en un cóctel existencialista de poderes de funambulista, y se me antoja que quepo en la vida, ahora que todo parece acabarse, ahora que todo parece deshilacharse pandémicamente, parece que ahora que quepo, no hay sitio para mí, como me sucedió en la guardería cuando era un moco que lloraba con desamparo al no sentir acogida en esa guardería que me presentaba la vida.

Y las canciones huecas de la profesora repiquetean en mi cabeza, ya abandonada a la imaginación de que todo fue horror, y recuerdo hasta mi chándal carmesí que mi madre me rescató por fin.

Y como las cosas se repiten volvieron las guarderías en forma de cuchillería , desangrada, esta vez caí herida, pero otra vez mi madre querida me salvó esta frágil vida.

Y ahora que quepo no hay sitio…. lo recuerdo.

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