Marea ventosa

Va y viene la marea, las olas se acercan a la playa para volverse a ir, en ese rumor sencillo, por el que brillo, veo el sol reflejado en el mar y sueño. Mis sueños son líquidos, de una liquidez pegajosa, al día siguiente las legañas del sueño ondulante y mareante me envuelven.

Estoy perdida, en un paraíso encerrada, aunque nadie puede estar encerrado en un paraíso, yo me siento encerrada en este paraíso. Llevo días sin expresar nada, con cara larga, pensativa, y es por el miedo, por la inseguridad, pero una vez vencida, siento que el mar es más bello, su aire más respirable y contemplarlo un regalo.

En este paraíso terrenal escondo en la arena mis rescoldos de inseguridad y me pongo a pensar, pienso en no pensar, y el arrullo de las olas sigue envolviéndome entre tanto pensamiento no pensado.

Siento con la bravura de la marea ventosa que empuja las olas celosas por llegar a la orilla, sin embargo, me quedo varada en ella, se me para el alma en la pedregosa y pegajosa orilla, sin alejarme una milla. Y sin embargo, desearía estar lejos, de vuelta al mundanal ruido, pero el oleaje me hace perderme, me pierdo en esta mar brava, y me quedo impávida.

Se han llevado mi Truhana, eso me persigue como Luna sin su dueño, el perro a quien el coronel amonestó, pero son cosas mías.

Cosas de una náufraga en bragas, cosas de una cuerda loca que necesita la paz robada a un año pandémico y raro. La desconexión es necesaria, la cordura habita, y la locura no es sino un pasado bien lejano. No he ido al pueblo, no he visto a la Santa María del Rosario, sin embargo traigo mi rosario, por si acaso.

Como un funambulista cojo, me siento desprovista de todo, y deseo que crezcan mis pies hasta la medida de los de mi hermano, no para pisar sino para sujetarme con arrobo.

La gata bajo el balcón, viene a vernos y mira rogando por una loncha de jamón. Quién fuera sus ojos, esos ojos amarillos verdosos que parecen del planeta marciano. Y todo sigue su curso, el griterío de la multitud o de un par de vociferantes habitantes de este paraíso me despierta de mi sueño, y me veo, otra vez, dormida entre palmeras.

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