El recoveco de mi hamaca

Tengo la suerte de tener hamaca, o la he tenido hasta ahora, a partir de mañana mis pies pisarán el suelo, lo que me parece mucho mejor que mi hamaca y el recoveco vergonzoso que dejo al levantarme.

Mi hermano dice que estoy gorda y razón no le falta, pero se equivoca en una cosa, no es ansiedad lo que me persigue sino la quietud de la tranquilidad que me relaja y me permito algún que otro capricho.

No me gustan las hamacas, están bien puestas al lado de la sombra, pero prefiero echarme al suelo, como si solo la toalla separara mi mundo de la faz de la Tierra. Y entonces sentir que su fuego interno quema mis pies, aunque sé que es el sol y su calor el que los quema.

Pero soy una cuenta cuentos.

Una cuenta cuentos que se cree su propia mentira, he ahí mi gran verdad.

Cuando salgo de la hamaca mi gravedad, mi peso deja una huella de hueco en el recoveco de mi hamaca y me avergüenzo hasta que escucho a Meghan Traynor y las palabras de mi hermano se las lleva el viento.

Anteayer tuve una visión, sentí que agradaba, era una visión por el calor o de tanto mirar al mar que me envuelve.

Así que aquí estoy en el recoveco de una hamaca con el sol encima, que me priva.

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