El mar y la truhana

Truhana, hoy no te veo, en tus formas azuladas se me antojan olvidadizas tus formas, tu cruz. Truhana, espero verte, espero volver a verte cuando esta locura pandémica pase, o cuando sencillamente me dejen ir a verte. Echo de menos tu sal, tus olés, y tu estar ahí, tu pose de vieja balandra atorada en la playa olvidada. La prudencia o quizá la estupidez me ha alejado de ti, pero espero volver, sin la frente marchita, con la vela que te falta y plantártela en una locura de reconstrucción de borrachera sin resaca, sólo la resaca de tus olas.

Esas que un día te robaron. Sé que deseas volver al mar, que tu cruz no es esa que llevas atorada en tu proa, sino es precisamente no poder volver al mar. Te arrebataron lo que más deseabas, te jubilaron antes de tiempo, y te has quedado como un armario abierto en medio de cualquier pasillo. Te has quedado atorada en la arena, como un náufrago.

Sin embargo las olas llegarán a ti, la galerna las llevará a ti, y volverás a ondear por las olas de la libertad. Sencillamente porque eres truhana, volverás a la mar.

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