Desahuciada

me sentí así, forzadamente desahuciada, extenuada y engañada. Pero hoy sé que es todo una falacia. No estoy exhausta ni siquiera desahuciada, pero sentir así es sentir lo peor.

Cuando el llanto lucha contra tu pecho por salir en un estentóreo grito de alivio, y por fin sale. Y es el Señor tiempo, ese de largas barbas y lleno de agujas de reloj el que pone todo en su sitio.

Y, la verdad, poco ha cambiado. Sigo siendo la timidez hecha persona, a un perfeccionismo arrancado en cascadas de soledad ¿y sabéis?

En el fondo no me importa mucho porque entre el pasado y el futuro está el presente que vivo y he luchado mucho contra viento y marea para volver a nacer.

Sí nací con 0 y con 18 años, y no me importa nada confesarlo. No es un defecto o si lo es tampoco me importa, pienso que los defectos embellecen y nos confieren personalidad.

Así que arrastro dos nacimientos aunque sólo me bautizaron una vez, pero vale para ese segundo bautizo en forma de ducha aséptica que vale por volver a descubrir una nueva vida.

Y soy medio gitana y medio paya, porque así lo deseo. Y porque mi nombre tienen un olé encerrado que a gritos y taconeos o a base del sonido tintineante de las gitanas castañuelas, sueno.

Y me suena bien, se me hace rítmico mi baile y mi cantar aunque sé que canto fatal, pero la adrenalina que suelto es una buena excusa para bailar o cantar por nada.

Así que aquí estoy mundo para demostrar que soy esa gitana que despreciastéis y esa paya que ignorastéis.

Pero lejos de sentir rencor, o frialdad, mi amor sobrepasa las barreras de mi humilde y sencilla timidez.

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