Estimado enemigo

Querido enemigo, en mis fauces no hay venganza, ni siquiera tengo fauces sino cauces por los que van tan panchamente mis sentimientos. Hoy, desgraciadamente me he dado cuenta que existes, y untando mi cabello dolorido en aceites perfumados, limpiando mi rostro de arenas desérticas y polvo del camino, he llegado a la conclusión que mi amor por ti, estimado enemigo, hará no que te vuelvas mi amigo sino que tengas otra buena razón para odiarme.

Te la confieso, soy egoísta , y de ese egoísmo he dejado brotar muchos seísmos existenciales que no han venido sino a decirme que la verdad está más allá de mi misma. Que trascendiéndome y entendiéndote encuentro la verdad de una mentira que me conté.

No te voy a a gradecer que me odies, simplemente que me mires desde otra perspectiva, esa que enriquece y ve sombras donde yo veía luz.

Quizá no te guste mi forma de ser, lo siento, no pretendo complacerte pues tampoco intento odiarte, solamente trato de vivir con el simple conocimiento de que existes, y que por mucho que aceite mi cabello y lave mi rostro seguiré siendo la misma errada , la misma fantasma que vaga por este mundo incierto, para decirte que te amo sin amarte y que descubres en mi lo que yo jamás vi.

Lo siento

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