Nadie

Cuando deseo protagonismo y afán de publicidad barata no hay mejor remedio que venir a este pueblo costero andaluz. En él me doy cuenta que soy una más o quizá ni eso. Pero qué humildad darse cuenta que nada somos, que polvo y nada más que un endeble palo somos, palo frágil, que se atora y escora o dobla y rompe en cualquier momento.

La capacidad de ser palo de bambú, de ser elástico y doblarte y flexible y jamás romperse que algunos llaman por un sustantivo que no recuerdo y no me gusta nada, por eso lo habré olvidado…Esa capacidad no me gusta nada, se llama resiliencia y me horripila. A mi me gusta romperme y reconstruirme y doblarme y romperme otra vez y volver a ser siendo.

Lo que más me gusta es perderme en su mar de razas extranjeras y sentirme una ínfima parte de este universo que venimos a conformar todos y cada uno de nosotros.

Pero nadie, nadie me siento subida en unos tacones inquietos, con la piel dorada al sol y mi coleta rozando el viento.

Y nadie soy, y me gusta. Hace tiempo esto hubiera sido inconcebible, yo con mis ansias de protagonismo que aún y desgraciadamente perduran, me encanta no sentirme nadie en este desfile de gente que va y viene.

Y sueño con subir en la Truhana, y surcar los mares y llegar al sureño horizonte donde dejo descansar tantos pensamientos, tantas ansias y nervios. Y ya no sueño con ansias de grandeza y no quiero ser bambú sino una ramita más en este árbol de la humanidad.

Y cuando alcance esos sueños que yacen en el sur de todo continente, seguiré siendo nadie, con mis tacones , mis nervios y mi coleta siempre al viento.

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