Día nublado

Los días nublados, de galerna, me sorprenden a la vez que entristecen o la melancolía se instala en un atardecer ventoso y nublado. Es una melancolía interna, pegada a las fauces de cualquier anochecer salobreñero.

Aquí todo es mar, el mar inunda todo y me gusta, todo es sol y luz otra característica que me encanta. La luz me despierta sin tregua y prontico me acerco a la mar. La mar tiene algo que es parecido a la humanidad. A veces se enfada y se pone brava, pero otras está llena de paz y tranquilidad. La mar es ese lugar en el que desembocan todos los ríos, todas las aguas, todo lo líquido. La liquidez me suena, me suena a ese estado en el que o todo fluye o brota con una violencia de consistencia.

No es que me guste mucho este pueblo pero me atrae, sus gentes son parcas y sencillas y si algo he aprendido es que soy una más. Una gota ínfima en un mar de gente y aunque mi afán de protagonismo luche contra las olas de protagonismo, me gusta sentirme casi nada, nadie.

Y temo.

Temo la galerna encantada con su venturoso viento amortajado de aire. Temo que una ola me engulla y todo acabe o empiece, según se mire. El ambiente es como de cambio y me atrae, me gusta me siento un pececillo perdido en el banco acuático de corales.

Y mi piel va poniéndose morena y mi cabello se aclara y me encanta el sol, la luz y el mar. Me encanta pasar las mañanas echada, tirada en una hamaca escuchando los sabios consejos de mi madre amada. Y cuando llega mi padre y se sienta y observamos barcos en la lontananza, en el horizonte.Me gusta este pueblo de seres casi alucinógenos, con no mucha educación pero mucho sentido práctico de la vida.

Aquí la gente calla, los elementos hablan.

El viento, la mar salada, las piedras de la playa, su dureza es como las gentes que aquí habitan , duras pero llevaderas, punzantes pero refrescantes.

Y ya llevo un mes y pico perdida en este pueblo de pescadores al que arribaron pateras hoy en día de inmigrantes llenos de ilusiones. Y la ilusión , supongo, acaba en una mafia de confusión, pero, aún así lo lograron. Lograron vencer la mar. Y me alegro.

Luego están los gitanos esos de ozú y arsa, de palmas, y por supuesto el flamenquito rico que sabe a arenque a espeto a arena y mar bravío hoy.

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