Soledad

Al faltar la salud, vamos, cuando todo falta, cuenta te das de forma desgarrada de la soledad, la tristeza de mi alma vista desde fuera, que nadie sabe que dentro, si miraran dentro, llegarían a casi como quien dice alucinar. Con ese alucinar de quien cuando todo seco parece, dentro, no sabe que se esconde la flor más preciosa, la rosa más intocable y hermosa. Sí he sentido soledad, o más que eso nadie parecía entender que yo llevara una flor enterrada. Hoy , tras años de riego y meses de sol que le proporcionaba a escondidas veo sus rosados gajos de flor como si mis propias pestañas fueran. Dios sabe que la he regado con el única agua que tengo, la del llanto y que el sol de mi sonrisa le ha proporcionado la luz necesaria para en una fotosíntesis mezclada con sentimientos no contados, esos que no salen ni jamás florecen, esos que se callan por creerse estúpidos pero que quizá reverdezcan en el afilar de alguna espina clavada. Porque mi rosa tiene espinas, esas que derraman sangre, sangre sudor y lágrimas. Mi rosa interna es silenciosa pero preciosa y nadie sabe que la albergo en un tiesto casi roto que llaman corazón. Así que la próxima vez que me veas, abrigada por el frío y desvencijada por la vida, recuerda yo tengo mi rosa y tú, tú no tienes nada, mentirosa.

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