Cambio

Sí, todo ha cambiado, y lo ha hecho de forma impune y radical. Todo ha cambiado, pero y ¿nosotros? ¿hemos cambiado? lo primero que me viene a la cabeza, la verdad, son malas noticias, así que no voy a hacer caso a mi cabeza, sino a mi tintineante corazón.

Cambiemos, pero siempre desafiando el mal y soñando con todo bien, entendido por no todo aquello cómodo y tranquilo sino más bien una tempestad en la que las olas de soledad nos escampen y estampen en el mismísimo rostro.

Eso es lo que me viene sucediendo últimamente. se acumulan, como el polvo del camino, segundos, minutos, horas de palabras quietas, mareadas en el mar neuronal de la mente, mas jamás dichas. Se me apelotonan no sólo sentimientos, sino palabras, que vienen a dictarlos a definirlos, a ponerles punto y coma y nombre y en fin, a darles salida.

Pero no serás tú lector afortunado quien posea todos mis pensamientos acumulados estas semanas, no, dejémoslos volar en el sentimiento de la nada, dejémoslos divagar aunque sea hasta mañana.

Hoy he sentido intensamente, como siempre, mas no es que no haya tenido la oportunidad de compartirlo, sino que creo que me estoy volviendo algo egoísta con mis pensamientos. o quizá demasiado generosa al dejarlos vagar por lo estrecho de mi mente, al dejarlos producir sentimientos en lo profundo del alma. Y con cada sentimiento sentido me quedo, porque a veces, las palabras se quedan cortas para decir lo que siento, me ahorro millones de explicaciones, de dimes y diretes y de en fin de palabras que no llegarán. Porque he notado lo fácil que es llegar a una misma mas lo difícil que es llegar al otro. Así que aquí planteo mi pregunta inicial ¿hemos cambiado?

Hemos cambiado, sigo divagando, hemos cambiado , nos hemos hecho más prácticos y más individualistas, más voces y menos sentimiento. Hoy oigo más palabras que ayer aunque veo menos actividad. Quizá sea bueno o malo o quizá no tenga por que ser bueno ni malo, tan sólo ser.

Sea lo que deba ser o debiendo ser lo que no es, espero que cuando la noche ciega se abandone a mis sueños como luceros, una última luz, una última luz me salga de los sesos para recordar lo que fui, siendo lo que mañana seré, un existencial interrogante que vaga como fantasma por las vaguadas de tu alma.

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