Mejor sola que mal acompañada

He visto una película, genial, sobre la soltería ese estado que me persigue como ninguna tontería. Tontería es sentir que necesitamos otra persona para autocompletarnos, tontería es pensar que no valemos nosotras mismas lo suficiente como para tener otro ser rondando. Personalmente, me gusta estar sola. Disfruto cuando me sumerjo en la soledad de mis pensamientos, aunque , cómo no, también me asusta la soledad no deseada, digamos esa soledad forzada de la que todos huimos. Sin embargo estar sola me ha enseñado muchas lecciones, la primera, que valgo lo que peso y tanto peso como valgo. Supongo que me he hecho demasiado a mí misma, que no voy a aportar descendencia en este mundo, aunque deseo cuidarlo como si dejase una descendencia infinita. La vida es demasiado difícil como para complicárnosla y yo, personalmente por enésimo sentido de inngravidez me he prohibido sentir. He llegado a la conclusión de que si me hacen daño, sufro mucho así que me he lanzado a simplemente no sentir o sentir enfundada en unas seguridades que se tambalean un poco por así decirlo. Mis seguridades o inseguridades se basan en el hecho de que temo que me hagan daño, pero esa precisamente, esa forma es la única que sirve para seguir avanzando. Sí el golpearse una y mil veces con la misma piedra, ¡la misma! y volver a caer en el mismo charco ¡el mismo! y sentir que todo se acaba y caer en un vacío existencial del que nada nada puede salvarte, nada no, pero tú misma puedes salir de ese lugar recóndito, acharcado y tantas veces repetido en el que te has metido. Porque supongo que esta vida , bueno vinimos para ser felices, somos en le fondo producto del amor o no me refiero al amor de nuestros padres, sino que al nacer, nos tocó un ángel. Esta es mi teoría. Dios mismo nos tocó para hacernos, para que naciéramos y vaya si nacimos. Luego viene la etapa de crecer y eso, que es tan intensa como variante. Un día te sientes una cosa, otro día otra, en fin, no sé en la adolescencia todo se vuelve confuso y estúpidamente difícil. En la juventud ¡oh divino tesoro! en la juventud vivimos como si no hubiera un mañana. Pienso que hay tipos de personas que se paran en etapas determinadas de la vida, hay quien siempre será un niño, hay quien siempre será un cambiante adolescente, quien tiene alma de joven o que adolece como un vejete. Así que las edades de la vida no son sino las emociones por las que pasamos cada día, desde la alegría infantil, a la preocupación adolescente, a la depresión adulta o la inconsciencia de la juventud. No sé en qué edad me encuentro, supongo que transito por ellas, día a día , segundo tras segundo. Lo que más me gustaría de mi vida es poder sujetarme yo misma. Es raro, emocionalmente creo que lo estoy logrando, económicamente lo espero y anímicamente lo necesito. Necesito , todos necesitamos sujetarnos por nosotros mismos, pero ahora que lo pienso una vez nacemos, de alguna forma somos ya nosotros mismos, fuera del caliente medio materno, con el llanto en cada necesidad no cubierta y supongo que este llanto va evolucionando en forma de emociones, más adelante, para mostrar lo que necesitamos o o necesitamos.

Me han dicho que vivo con el  freno puesto, quizá haya mucha razón en esto, pues no me lanzo a vivir, lo mismo que rechazo sufrir. Pero vivir y sufrir están tan indisolublemente unidos como si de las dos caras de la misma moneda se tratara, la esencia quizá sea lo que queda, ese poso con el que nos quedamos y aprendemos, porque en el camino, lo importante es no la meta, sino el camino en sí, la actividad. Las emociones sentidas en dicha actividad son no sólo las que definirán nuestra personalidad, sino también con las que luego defenderemos nuestras ideas, o no defenderlas , pues nadie las ataca, sino exponer nuestra idea o noción de vida o algo así.

Hubo una época ne que aprendí  a base de golpes, que me gustaba un chico desde mi niñez casi, pues la amiga de turno me lo quitaba en la adolescencia, que  me gusta un chico en a adolescencia, pues toda mi familia le conoce, menos yo. En fin, un ir y venir de decepciones en las que no voy a detenerme lo más mínimo. Dónde sí me detengo es en lo que creo haber aprendido.

Yo valgo más que todas mis platónicas  proyecciones amorosas. Y ningún plan de vida lleva consigo engancharte al primer gilipollas que se cruza por tu camino. No eso es más bien un desastre de idea, un concepto fallido desde el principio. Pero, tranquilos, esa jamás fue mi idea. Yo iba sintiendo aquí acullá hasta que llegué a sentir en lo más humanamente profundo de mi corazón y mientras mi desengaño se consolidaba, nacía otro amor, el del alma. Así que aquí estoy , espiritualmente más o menos y cardíacamanete menos que más.

No es que tenga ninguna enfermedad del corazón, o eso espero, lo que tengo es una deformación emocional, o una  hipersensibilidad emocional, por así decirlo , que me hace sentir todo como si piel no tuviera. Aún así esto no es excusa para seguir con el camino, con la vida  vamos.

Pero ya me cansé de hablar de mí misma, estoy mas que harta de este soliloquio loco que me lleva a un egoísmo soberbio. Así que por hoy vale. A ver si se me ocurre escribir de alguna otra cosa que no sea yo mí me y conmigo.

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