Tiempos raros

Habitamos una Tierra cada vez más insegura, más rodeada de huracanes, terremotos y demás desastres naturales. En cuanto a la sociedad, no todo parece estar perdido, o eso me parece a mi cuando en la televisión veo los políticos hablando o intentando hablar , me da la risa o me pongo a llorar, no sé qué hacer ante tal desastre de oratoria, si es que esta existiese. Los políticos hoy lanzan pequeños mensajes, cargados de sentido o sin sentido, según se mire, pero lo que más me esperanza, es que ello no se refleja en la sociedad, o al menos en la gente que  a mi me rodea.

Quienes me rodean hablan de sus vidas, no por egoísmo sino por supervivencia. No importa  a quién votemos, en la vida debemos estar unidos, porque la política se ha convertido en el arte de separar, de enfrentar y de amargar. No me gustan los programas sobre política, me gusta la política entendida como lo referido a administrar la ciudad, o la polis, pero este circo que estamos viviendo de dimes y diretes es como un espectáculo de telerrealidad, en el que sólo simpatizo con los pensionistas que se manifiestan en Bilbao, que como siempre ya se manifestaron en su tiempo y ahora se manifiestan en “nuestro” tiempo.

Nunca fui amiga de manifestaciones ni de manifiestos ni de exaltaciones, eso de poner a todos de acuerdo bajo una consigna, sea cual sea, tiene mucho peligro es como si dijéramos en medio de la calle: sigan todos hacia la izquierda, y todos como corderitos a la izquierda o sigan a la derecha y todos igual que becerros hacia la derecha.

Así que odio cualquier insignia, cualquier lacito, cualquier símbolo, porque un símbolo no es sino una señal cargada de significado y si este significado esconde algo no ya político sino sobornístico, de soborno, pues me hunde.

Me hunde porque peleamos por un símbolo, por un signo que nada quiere decir o quizá todo, pero mezclar sentimientos con cosas es tan antiguo como la religión , pero la religión, bien entendida hace crecer o espero que eso pretenda, mientras que si aplicamos esos símbolos a la política , entendida como ciudad, se crean sentimientos alrededor de cosas que no tienen nada qué ver. No sé si me explico , alteramos el sentido poniéndole sentimiento y, una vez se ha logrado esto, todo ya está perdido. No hay nada peor que un dictador sentido, bueno sí, un demócrata que espolvorea sentimientos por doquier. No sé deberíamos poner punto y final a la política concebida como algo sentimental, la política es la administración de la ciudad, de la polis, y ya está. El nacionalismo, todos somos nacionalistas aunque mi patria sea el mundo los marcianos tienen que sentirse excluidos.. Así que por muy grande que ensanchemos una patria, tan “exclusivos” nos clasificaremos. Y los políticos por supuesto deben trabajar al servicio de los ciudadanos y no mirándonos por encima del hombro o lucrándose con los impuestos que pagamos.

No me gusta nada hablar de política porque hoy es un malentendido. Así que voy a dejar de hacerlo porque no me gustó nunca y porque estoy por nacionalizarme o, mejor hacerme, sin más, marciana.

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