Voz

 

Viajar es una gran oportunidad para conocer el mundo, para vivir nuevas experiencias, pero yo me quedo con mi mundo, que es aquí mismo.

Quizá sea una lección estúpida, pero si el mejor lugar del mundo no es aquí mismo, cámbialo. O bien el mundo o bien el lugar.

Así que pretendiendo cambiar el mundo escribo.

Mi prima dice que quiere tener un proyecto nuevo, mis libros, cada uno de ellos, son un pequeño guiño a esta idea, un pequeño proyecto que renace día a día.

—————————————————————————————————————————-

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Bárbara tiene una vida normal, es licenciada en matemáticas e imparte clases a niños en un pequeño barrio de Londres, su ciudad.

Bárbara vive sola, en un pequeño ático cerca del Museo Británico. La vida londinense es carísima, aún así, Bárbara no se queja, le alcanza para sus pequeños grandes vicios y para vivir, que no es poco.

Bárbara es rubia, muy rubia, de ese rubio platino que parece angelical, vive con la única compañía de su gato Boots y sus padres de vez en cuando le llaman desde su retiro en el apartado Lincolnshire.

Bárbara adora a sus padres, y tiene un hermano y una hermana, Paul y Samantha. Paul es un ingeniero de sistemas, y Sam , su hermana mayor, es diseñadora de moda.

Así que más o menos no tiene queja de esta vida , tiene afecto, un novio que se llama Edward, Ed, vamos y hasta es lo que se podría decir guapa. Ella se ve demasiado alta, y delgada y aunque su hermana Sam le dice que podría ser modelo, ella odia ese mundo de la moda, así que prefiere arrebujarse contra Boots en las noches de frío y soñar.

Pero Bárbara no sabe absolutamente nada de la existencia de su abuela, Clare, que habita una más triste habitación de un asilo en las afueras de Londres.

La vida para Clare, está rodeada de amigas y partidas de cartas, ella sí que sabe de la existencia de Bárbara, era su ojito derecho cuando nació, pero el mundo, la vida, las circunstancias las alejaron.

Clare viajó hasta Estados Unidos y allí conoció al abuelo de Bárbara , un apuesto militar de la Quinta División de la Marina, ni más ni menos. Él , el abuelo de Bárbara, sabía mucho del mundo, había viajado por todo él, y en cada puerto tenía una amante, como se dice, aunque la visión de Clare, en el puerto, un día tórrido de verano, le llevó casi a la locura.

El abuelo de Bárbara, Johan, murió en la misma residencia en la que se encuentra Clare, hace ya unos cuantos años.

Y la verdad que Bárbara no sabía de la existencia de su abuela, porque sus padres se lo ocultaron.  Se lo ocultaron por circunstancias de espionaje durante la segunda Guerra mundial, pues Johan era judío y Clare dedicó su apasionante vida al espionaje , para salvar a  su marido.

Así que solamente Clare conoció  a sus nietos el día que nacieron. Lo demás fue una sombra. Una sombra invernal que se prolongó ya fuera por dejadez o simplemente por prudencia guerrera.

Bueno, la sombra en realidad fue una discusión porque Clare, la abuela de Bárbara se oponía a que su hija, es decir, Jane, la madre de Bárbara se casase con su marido, Pierre, que, obviamente, es el padre de Bárbara.

La discusión comenzó una fría mañana de invierno. Jane salía hacia una cita con Pierre y su madre, Clare, comenzaba a atisbar lo que Pierre en realidad pensaba o pretendía. Aún no sabemos si se trataba el extremo cariño de Clare hacia Jane, su única hija, y sus celos por no perderla de vista, una vez esta se casase o , más bien , por las tremendas secuelas que había dejado la guerra en el marido de Clare, Johan, que necesitaba cuidados de ambas. La discusión comenzaba hace ya casi cincuenta años y aún así no está cerrada del todo, Jane era una joven algo mimada y soberbia por entonces, así que de un portazo salió a su encuentro con Pierre. Finalmente se casaron y luego vinieron Samantha, Paul y Bárbara, de quienes su abuela sólo recordaba por fotos de bebé.

Una misma mañana fría el móvil de Bárbara sonaba sin tregua, lo que le extrañaba a esas horas en las que ella  estaba en el colegio, dando clases a los niños. Lo apagó y decidió llamar después al número que con tanta insistencia llamaba.

En el recreo, a eso de las once de la mañana, Bárbara llamó al teléfono.

Era Clare, su abuela y le decía en un parco y atónito desvelo, que era su abuela. Bárbara colgó y como si de una broma telefónica se tratase se rió y siguió con sus clases. Hoy tocaban las ecuaciones exponenciales, así que debía poner atención o más bien, despertarla en la mente de sus alumnos.

Las matemáticas, para Bárbara, eran una forma numérica de ver el  mundo. Ella no estaba para nada obsesionada con la medida en sí, pero le apasionaba el hecho de la proporcionalidad, de que todo estuviese de alguna forma,  numéricamente relacionado. Desde las fracciones hasta los números imaginarios, hasta las integrales  y las funciones, todo apasionaba a Bárbara y en verdad lo transmitía en sus clases , que no se hacían nada pesadas. Descubrió su pasión por las matemáticas cuando era niña y sus “mejores amigas” le dejaron de lado, porque , según ellas, era una niña aburrida. Así que ella se dedicó en cuerpo y alma a sumar, restar y multiplicar, convirtiendo a los números en sus mejores amigos, algo que jamás lamentaría. La proporción áurea, la naturaleza, todo se expresaba matemáticamente para Bárbara.

Esa misma noche, llamó  a su madre, y le contó algo sobre la extraña llamada de la mañana, como casi si de un chiste se tratara. Ante el silencio sepulcral de Jane, su madre, a Bárbara se le aceleraba el ritmo cardíaco, se ponía nerviosa , pues no esperaba esa reacción de su madre.

-Bárbara, en verdad te digo que tienes una abuela

-¡¿Quéééééé?! –se quedó Bárbara perpleja sin saber qué pensar, ella que era tan rauda y veloz para manejarse con los números, en las situaciones cotidianas se perdía, aunque esto no era muy cotidiano.

-Tranquilízate, se trata de mi madre, Clare, y vive en una residencia, así que no te preocupes no sé por qué te habrá llamado, en la residencia le cuidan muy bien y está atendida por médicos la veinticuatro horas del día.

Pero a Bárbara eso no le tranquilizaba, le puso más nerviosa aún, y pensar que se podía abandonar ancianos en residencias como a perros en perreras…

Su madre se lo explicó o intentó hacerlo de la forma más normal o aparentemente normal posible:

– Hace muchos años que discutimos, desde que no me permitía casarme con tu padre y de ahí que no nos hablásemos.

A Bárbara se le cayó  el mundo encima, literalmente, se le venían a la cabeza millones de pensamientos y no eran numéricos. ¿Cómo podía su madre haberle ocultado que tenía una abuela? ¿Qué era la propia madre de su madre, lógicamente? Sangre de su sangre al fin y al cabo. Parece que en estos tiempos de despegos y móviles y relaciones esporádicas, el tener una  abuela sobra, pero a Bárbara precisamente le faltaba. Ella sentía que su interior se desmoronaba , se sentía decepcionada por su madre, por su silencio estos veinte y pico años, y preocupada por su abuela, a la que , por supuesto, ya empezaba a querer.

Cuando Bárbara supo todo , llamó de nuevo al teléfono de Clare, al que le había llamado tan ruidosamente por la mañana mientras exactamente decía a sus alumnos que las matemáticas eran al mundo lo que  a la narrativa la poesía, o algo parecido.

Clare descolgó el teléfono, a pesar de que era casi la hora de acostarse, según la recomendación médica.

Bárbara le pidió disculpas por la hora de llamada y , casi con el llanto en el alma, le dijo que Jane, su madre, le había relatado casi todo, así que estaba preparada, dispuesta y convencida para sacar a su abuela de ese lugar asilado, desvencijado interiormente y en los que se abandonan a los mayores sin otro pretexto que “están muy bien cuidados” por no ahorrarse el dejarlos  abandonados en cualquier gasolinera.

Clare rió ante la expectativa de salida de aquel lugar que , sencillamente, comenzaba a cansarle , pues varias de sus amigas habían pasado a mejor vida literalmente, ya y las partidas de cartas no eran lo que eran. Y por supuesto, por otra razón  más profunda, y era por su amor incondicional a la pequeña Bárbara y porque ella misma también pensaba que las residencias para ancianos eran una cárcel, pues ella había accedido entrar en la residencia debido a la enfermedad de su marido, Johan , a quien la guerra dejó marcado de por vida. Aunque, la verdad, una vez ya que había dejado de sufrir su marido, pues murió el año pasado, Clare se sentía dispuesta a dejar el asilo.

Bárbara no se amilanó ante nadie. Ni ante su madre, ni sus hermanos quienes le decían que cómo iba a cuidar de una anciana, ella, si casi no tenía tiempo. Pero olvidaban que aparte de la resolución y el buen corazón de Bárbara, llegaban pronto las vacaciones estivales lo que supondría tres meses de tiempo para estar con su abuela. Tres meses en los que ambas coincidieron al pensar en recuperar el tiempo perdido, tres meses que, de hecho, han dado lugar a esta historia.

-Bárbara eres estúpida-le decía sin cortapisas su hermana Sam. -¿Cómo vas a ocuparte de una vieja ahora que tienes toda la vida por delante y que podrías incluso formar tu propia familia?

-Porque no soy una egoísta-le contestó lacónica, seca y airadamente Bárbara a su hermana.

Paul, sin embargo se prestó a ayudarla , a ayudarle con el papeleo de la salida de Clare de ese asilo en el que tenía “atención médica las veinticuatro horas del día”, y  ambos, lograron que llegara el día de la cita con el médico para ver si Clare podría o estaba  en condiciones de marcharse.

Tras las pruebas psicotécnicas , las de salud y demás formalidades que Clare debía pasar y pasó hasta con nota, llegó el día del encuentro entre Bárbara, Paul, que acercó a Bárbara al asilo y Clare.

Clare era una señora de las que ya no se fabrican, tenía el pelo canoso era muy delgada y alta, casi como Bárbara y tenía unos ojos de un azul turquesa que eran profundos ,serenos y sinceros. Tenía muchas arrugas y una nariz aguileña que le concedía mucha personalidad, y por supuesto, Clare la tenía aunque estos últimos años en el asilo se la habían, de alguna forma arrebatado, si   no hubiera sido por sus amigas y esas partidas de cartas… estaría loca, literalmente loca.

Cuando Bárbara y Paul vieron a Clare, su abuela, por primera vez, se sorprendieron de la belleza latente, la presencia apabullante de Clare, y ésta, por su parte no pudo sino echarse  a los brazos de sus nietos. Uno , un chico bien parecido, como entonces se decía, es decir guapo, con ojos verdes y pelo revuelto y que de alguna forma le recordaba a su marido Johan en otros años ,por supuesto.

En cuanto vio a Bárbara , supo que era ella, ese bebé angelical no había cambiado en nada, tenía hasta la misma sonrisa bendita que vio en su cuna…

Los tres se abrazaron frenética, estrecha  y calurosamente. Eso sí era una bienvenida, como las de los aeropuertos, cuando uno se encuentra con familiares que no ha visto en años.

Bárbara casi lloraba de la emoción y Paul aún más no pudo contener alguna lágrima que se escapó de su verde mirada.

Es curioso, hay momentos en la vida que tan sólo duran temporalmente milésimas de segundo, aún así, son esos momentos los que impulsan toda una vida o toda una etapa de ella. Ese abrazo, esas lágrimas, ese llanto contenido , expresaba tantas cosas sin apenas decir nada…

Para Clare, suponía no sólo la libertad, el dejar aquella cárcel de medicamentos , médicos y enfermos con los que , de alguna forma había simpatizado, pues no había persona en el mundo que no se dejase arrebatar por los encantos de Clare. Era la vuelta al seno familiar, esa vuelta que siempre soñó y en ese momento se hacía realidad.

Para Paul, era como un estallido emocional que se le presentaba en el alma y estaba impaciente por conocer cada detalle de la vida de su abuela, incluso de su abuelo Johan, todo, quería saberlo todo.

Para Bárbara , el encuentro fue como que te digan que el número 1 no es primo en sí mismo, algo que llevabas pensando toda la vida, te lo expliquen y lo entiendas en un golpe de conocimiento. Pero más que eso era su único acto de rebeldía contra el mundo, contra el mundo perfectamente establecido donde los niños lloraban en cunas, los jóvenes estudiaban en sueños, los adultos trabajaban quejándose y los ancianos morían en residencias de ese verde o azul verdoso como de color de hospital.

En una sala de esas verde azuladas, hospitalarias, estaban reunidos Paul, Bárbara , Clare y el médico un tal Joseph.

Joseph explicó la actual situación en lo que  a salud se trataba de Clare:

“Según las pruebas ha perdido algo de desenvoltura en lo que a fuerza motriz se refiere y a cálculo mental, aunque también he de decir, que a pesar del pulso poco fino, es decir , el tembleque que presenta, no hay razón de alarma, pues no se trata de la enfermedad del Parkinson, sino simplemente de una reacción a las pastillas y al sistema nervioso algo afectado por la edad avanzada. En cuanto a la salud física, tiene artrosis, así que le convendría un clima cálido, unas vacaciones, por ejemplo a un lugar soleado, por un mes o dos . En cuanto a la salud mental, digamos que sus emociones han vencido una posible enfermedad , pues el ánimo siempre presto de la paciente ha evitado cualquier daño colateral en el cerebro. Es decir, debido a sus dosis de humor ha sobrellevado, de forma incomparable la pérdida de su marido Johan así como su estancia de ocho años ya en esta residencia. Por lo tanto puedo firmar su alta siempre que os aseguréis de que cuida su diabetes y su tensión alta mediante pastillas que le receto y que debe tomar al desayuno, a la comida y a la cena. Por mi parte no tengo más que decir, sino que Clare ha sido una residente ejemplar y que muchos otros residentes la echarán de menos, y por supuesto yo y demás miembros del equipo médico”

Ante tal discurso, desprovisto de tecnicismos y sobre todo preciso, Clare sonrió abiertamente. Ella misma sabía que estaba bien, sí tenía problemas de diabetes y desde hacía tiempo que su pulso tembloroso no le permitía hacer punto y ya no andaba tan rápido como antes, aún así no podía dejar de sonreír, no ya por el diagnóstico, sino por la llegada de sus nietos.

-Doctor Joseph, dijo Clare con confianza-yo también les echaré mucho de menos, y eso de las vacaciones suena estupendo, aunque no sé si será conveniente para mis nietos el dedicarme tiempo alguno-

-¡Abuela!-replicaron ambos también sonriendo.

Bárbara respondió al doctor ante la pregunta de cómo , con quién y dónde viviría Clare a partir de ahora. Le dijo que viviría con ella, en su pequeño ático en el que ya había hecho algunos preparativos para acoger a su nueva inquilina. Ella, dormiría en el sofá cama cómodamente pues es muy amplio, y cómodo y Clare, “mi abuela” enfatizaba Bárbara, dormiría en el dormitorio principal. Aún así, Bárbara no había pensado en todo, la dieta que debía seguir su abuela era muy estricta, y quizá necesitaría ayuda extraordinaria para cuidar de ella.

Paul al momento le dijo que él disponía de alguna tarde libre…

Estaban hablando de ello los dos, ante el médico y Clare, que empezaba a ponerse algo nerviosa aunque la sonrisa no desaparecía de su cara llena de arrugas.

Joseph, el médico en seguida recomendó que contrataran el servicio de una enfermera a domicilio que el Servicio de Salud ofertaba en estos casos, a lo que los tres accedieron sin oponer resistencia alguna.

Aún así Clare debía visitar al médico Joseph al cabo de unos tres meses para que de un alta condicionada se pasara al alta en sí, pues debía estar seguro que podían ocuparse de Clare y que ésta tomaría su medicación y seguiría su dieta y a lo que algo de ejercicio como pasear, no le vendría nada mal.

Todos accedieron al unísono, Bárbara tomaba nota de cada medicación, cada dieta que debía seguir su abuela, aunque no fue esto necesario, pues al final de la reunión el médico les proporcionó las indicaciones por escrito, así como los documentos para contratar una enfermera, que Paul y Bárbara pagarían encantados de sus respectivos sueldos.

En cuanto al viaje, Bárbara indicó al doctor que pronto llegarían las vacaciones estivales, por lo que ella podría llevarle a la costa española, a Andalucía, por ejemplo (un viaje con el que siempre soñó Bárbara) para así mejorara la artrosis de su abuela.

Todos, hasta el médico, Joseph, estaban encantados, se respiraba alegría en el ambiente y para un médico no había mejor noticia que recetar un alta médica y unas vacaciones y tratándose de Clare , una residente ejemplar, estas dos decisiones, se tomaban casi solas.

Clare preguntó al médico si podría tomar algún gin and tonic de vez en cuando, pues era una forma de disfrutar un poco más si cabe de sus vacaciones.

El doctor no pudo evadir una sonrisa cómplice, pues sabía que en las partidas de cartas, Clare bebía un poco de ginebra, así que este accedió pero con mucha moderación, no más de uno cada dos o tres semanas, le comunicó encantado.

Seguidamente rellenaron los datos de la nueva casa , (qué bien sonaba, el nuevo hogar) de Clare que no era sino el ático de Bárbara que al saber que estaba situado cerca del Museo Británico, a Clare casi se le escapa una lágrima de emoción. Tenía tanto que contarles sobre ese museo, sobre no sólo Londres, sino sobre muchos de los destinos y ciudades, pueblos, lugares y demás sitios que había conocido en su trabajo de enfermera, pues decir espía era demasiado decir incluso en estos tiempos tan actuales y contemporáneos.

Finalmente acabaron con todo el papeleo al completar la contratación de una enfermera que , para más gusto si cabe aún de Clare, se trataba de Judith, una enfermera que pertenecía a la residencia y por tanto, ambas se conocían y simpatizaban.

-Bueno, pues todo está ya resuelto a favor de nuestra residente-concluyó el médico.

-Por cierto , tengo un gato, eso no sería impedimento alguno…-dijo de repente Bárbara preocupada.

-El impedimento mayor que es llegar hasta donde habéis llegado y tomar la decisión que habéis tomado de vivir con y un poco para vuestra abuela es lo mejor que podéis hacer, y esto no lo digo ya como doctor , sino como persona. Un gato puede hasta hacer más entretenida la estancia de Clare que debe hacer punto, para el pulso, así que de paso el gato juegue con la lana.

Todos estallaron en una carcajada que dejaba escapar el nerviosismos contenido, que indicaba al médico la sinceridad y compromiso de Bárbara y Paul hacia su abuela , y que , de alguna forma acababa con la formalidad del informe médico y daba paso , con Boots, el gato de Bárbara como tema, a una nueva vida de Clare.

Clare ya tenía las maletas preparadas y no sin antes agradecer uno por uno al médico Joseph y más tarde a cada miembro del personal y despidiéndose de sus  amigas , “las supervivientes”, como ellas mismas se llamaban, de las cartas que eran tres mujeres magníficas y  a las que prometió llamar el sábado para que no se olvidaran de su póker de ases, se dirigía henchida de orgullo, del brazo de Paul y charlando con Bárbara hacia el coche de su nieto.

El trayecto hasta la casa de Bárbara fue como una brizna de hierba primaveral, como un soplo de aire fresco para los tres, una especie de corto trayecto que llevaría a Clare de 1990, la fecha en la que falleció su marido y en la que se había quedado algo atrapada,  a 2018.

En la radio del coche sonaban canciones animadas, el tráfico era liviano y hasta el coche parecía ir sólo aquél día de mayo de 2018.

Cuando llegaron a casa de Bárbara, ya por los alrededores, Clare quedó sorprendida ante lo cambiada que estaba su ciudad natal, Londres, todo el mundo iba y venía sin mirarse casi, pegados a los móviles o bien dando alaridos por los mismos, con la intención de trabajar sin descanso, o bien de comunicarse con algún ser querido al que no veían pero llamaban.

La fachada del Museo Británico sorprendió también a Clare, había incluso un restaurante cerca de la puerta de entrada como si hubieran hecho del arte algo más comercial y material de lo inmaterial e idealista que a ella le parecía.

En cuanto subieron al ático, Boots maullaba desesperadamente, como siempre que su ama volvía a casa y ante la visita de Paul y Clare, Boots medio ronroneaba, encantado de volver a ver a Paul y olisqueando las piernas delgadas de Clare. Esta le acarició una vez Bárbara lo cogió entre sus brazos.

-Boots, esta es nuestra abuela, Clare.-dijo su ama encantada.

Clare le acarició suavemente y esto a Boots a parte del olor contundente, de un perfume como de olor a Chanel  número 5 que  enseguida identificó y asoció a Clare, le encantó y le sumió en un sueño gatuno, en un guiño de ojos casi de dioses, celestial y gatuno.

-¡Qué gato tan precioso! Exclamaba Clare mientras Bárbara se disponía a enseñarle el ático y Paul se encargaba de las maletas.

– Esta es la entrada, lógicamente, explicaba Bárbara, más adelante se encontraba el salón con un gran sofá cama en el que desde ahora sería el lugar de Bárbara. A la derecha estaba la pequeña cocina , con todo lo necesario para no tener que cocinar demasiado, y en la parte izquierda del salón , pegado a él, se encontraba la única habitación principal  que Bárbara había decorado con alguna foto familiar y de la que ya había retirado, antes de dirigirse  a la residencia todas sus cosas. Así que era un cuarto con una mesilla , una lámpara de mesilla, y una colcha de las de ahora, de esas que no llevan sábanas , sí la bajera, pero no las demás. Bárbara, había de todas formas hecho la cama a la antigua usanza , había cambiado la colcha y había puesto sábanas limpias y una manta encima de la colcha junto con unos cojines.

A Clare todo le parecía un pequeño gran lujo, la casa con la que siempre había soñado, aunque Bárbara y Paul sabían de sobra que habría visto hasta palacios…

Los tres se acomodaron en el salón y comenzaron a charlar no sin antes haber preparado un té para cada uno que , en esa hora del día , serían como la una del mediodía, venía estupendamente al estómago y no sólo a las costumbres inglesas, sino al momento en sí de emoción sostenida, contenida y revoloteadora.

Boots se agazapó en las faldas de Clare, por lo que todos volvieron a reír ese día, ese día que jamás, ninguno de los tres olvidaría ya en sus vidas.

Clare quería saber sobre cómo vivían sus nietos y Paul fue el primero en contestar:

-Yo soy ingeniero de sistemas, de computación y trabajo en una empresa en la City, y, como Bárbara vivo solo en un apartamento aunque nadie ha podido arrebatarle la idea de que tú debías quedarte con ella,…

-Yo soy profesora de matemáticas y trabajo en una escuela cercana, a diez minutos andando, imparto clases a niños de unos catorce años.

-Todo eso es estupendo, y he de confesar que ya lo sabía, pues vuestra madre me mantenía al corriente de todo, a mí lo que en realidad me interesa es vuestra situación sentimental, como anciana y espía mete  me en todo me encantaría saber si habéis conocido el amor de vuestra vida, o algo parecido.

-¡Oh abuela! Las cosas han cambiado mucho hoy en día, no te digo más que hoy se liga y se conoce gente por el teléfono móvil…Aún así yo salgo con Mary, desde hace ya dos años y ya te la presentaré, creo que en verdad es el amor de mi vida…-dijo Paul.

-Yo, bueno, yo…-Bárbara dejó escapar un pequeño suspiro, -en fin salía con Ed , pero al contarle que venías a vivir aquí y que dedicaría tiempo a estar contigo, la verdad, me ha dejado. Se ha ido a Australia, donde quería que yo fuera con él y yo siempre me negué, así que bueno,  me ha dejado…

-¡Oh! Lo siento mucho Bárbara…-exclamaron casi al unísono su hermano y su abuela.

-¿Y cómo te encuentras?-preguntó su abuela

-Bueno, apenas me he dado cuenta que me ha dejado, ayer si os digo la verdad lloré como una magdalena, pero ya se me pasará, además prefiero vivir en Londres mi vida, ¡qué se me ha perdido a  mí en Australia!

Y parece mentira, parece mentira que hoy en día tan aventajados y tecnológicamente conectados, no nos demos cuenta de lo que realmente pasa por el corazón , por el alma de nuestros seres queridos, que ni una llamada baste para nada, sino que un buen té deje escapar las historias que de verdad nos importan, y no un estúpido móvil.

-¿Y qué es de vuestra hermana Samantha?-preguntó Clare con cariño.

-No ha podido venir, está en Milán en sus reuniones de moda, ella, como ya sabrás es diseñadora de moda y tiene que estar a la última, en cuanto a creaciones textiles se trata y tendencias, así que esta mañana ha viajado hasta Milán, pero aún así volverá pasado mañana-dijo Paul.

-Ella está saliendo con Alfred y llevan ya cinco años de relación yo creo que ella sí se casará, aún así te advierto, abuela que ella es, no sé , como de otra pasta. Ella prefiere lo superficial a lo interior, ella prefiere ir bien vestida que no sentirse bien consigo misma, aunque para mi ambos conceptos estén unidos…-aclaraba Bárbara

-Bueno, no os preocupéis por Samantha, sé que ella es algo más frugal que los nietos que han asistido al comienzo de mi nueva vida, aún así, debéis tener paciencia con ella, algún complejo o pequeño problema tendrá.

Y en verdad lo tenía. Sam, la mayor de todos, siempre había envidiado la inteligencia de Bárbara, su facilidad con los números, incluso su disimulada  belleza  a la que Bárbara a penas prestaba atención o sacaba partido. También envidiaba la relación fraterna tan estrecha que se había establecido entre Paul y Bárbara.

Clare decidió llamar más tarde a Sam, aunque esta se adelantó.

El teléfono móvil de Bárbara sonaba. Era su hermana Sam.

-¡Qué oportuna! Parece que nos hubiera estado escuchando

Y es que aunque Sam tenía sus defectos también se alegraba , a su manera por la llegada de Clare, su abuela al seno familiar.

-¿Qué tal Clare?-dijo a Bárbara

-La abuela está encantada, hemos hablado con el doctor y nos ha dicho que…

-¡Pásame con ella!-ordenaba casi  Sam.

-Hola Sam, querida, ¿qué tal por Milán?

-¿Cómo sabes que estoy aquí abuela?

-Ahh no olvides que fui enfermera espía  en mi juventud

-Pues bien, todo bien ¿Qué tal tú?

-Encantada con tus hermanos y con tu llamada, sois maravillosos.

-Gracias abuela, bueno os tengo que dejar que ahora llega el desfile, llamaba para asegurarme que todo había salido correctamente

-Por supuesto , has hecho muy bien en llamar

-Un beso abuela

-Un beso mi reina-decía Clare mientras Sam colgaba el teléfono.

————————————————————————————————————————–

Milán es una bonita ciudad, pero para Sam es hoy su lugar de trabajo, bueno, por hoy y mañana, así que no toca visitarla y disfrutarla, sino trabajar en ella, trabajar desde otra perspectiva, pero trabajar. Sam trabaja por dinero. No trabaja por pasión , como lo hacen Bárbara o Paul, ella, más bien necesita el dinero y fría y secamente admite que necesita el dinero para vivir.

Precisamente, su sector, el de la moda, está lleno de hipócritas y poco creadores, de más copiones, followers y seguidores que creadores originales. A ella se le daba bien dibujar, y como dibujar edificios como arquitecto le parecía aburrido, se dedicó a dibujar vestidos. Era buena,  a pesar de todo, pero , como todos, no era imprescindible, y eso se  notaba aunque se hacía apreciar por aquellos jefes que deberían encontrar talento en ella. Sam jugaba a la estrategia y acertaba, pero su vida estaba carente de pasión y sentimiento.

Su vida era una sucesión de días en los que trabajar y fines de semana en los que asentar su trama, su trama o estrategia vital.

——————————————————————————————————————————-

Hay gente que vivimos por y con pasión, sin embargo, hay otras personas que ven venir la vida, por así decirlo y se preparan para ello. Pueden ser más listos o más prácticos , pero son fríamente calculadores. Nosotros, los que vivimos con pasión, con sentimiento, con un olé entre pecho y espalda, estamos llamados a la extinción pues la gente más avispada nos superará o simplemente nos hará tanta sombra que pasaremos desapercibidos. Pero eso a penas nos importa. Nos importan otras cosas, como el amor, en todos sus aspectos, el amor fraterno, el amor  a una abuela, el amor a nosotros mismos lo dejamos un poco de lado, pero contamos con él más o menos. Las personas estrategas o esas que “predisponen” su vida pueden tener amor y de hecho lo tienen pero no llegan a sentirlo o , de sentirlo, lo hacen egoístamente direccionándolo hacia ellos mismos.

La vida quizá sea una palabra que abarca mucho, demasiado, pero si a ese estratega se le junta un día de buena racha, vence, o parece vencedor, sin embargo ha perdido, simplemente porque no ha sentido. El que ama, el amante de la vida, simplemente siente, y ya por eso mismo, ama y aunque pierda la batalla habrá ganado en experiencia, por el camino. Digamos que el estratega busca un día de suerte, los días del amante de la vida son todos buenos a pesar de que sean malos, pues sabe extraer lo bueno de lo malo.

Hoy en día a los estrategas de la vida se les ha unido una potente herramienta, el teléfono móvil. Desde allí configuran sus exclusivos grupos de chat, o llaman a los contactos indicados para conseguir de ellos lo que desean.

Aunque, por supuesto, no todos son estrategas o amantes de la vida. Existe un término medio, aquellos que tiran más hacia un lado o hacia otro, que no son pura o esencialmente estrategas o amantes de la vida, aún así sienten o tienden hacia alguna de estas dos versiones de vivir la vida.

Yo misma me considero amante pura y sencillamente de la vida, el éxito en ella no me importa, me importa sentirla, vivirla, aunque, la verdad hay días en que observo en mi alrededor y el ver esos vencedores ocasionales ensombrece mi corazón, la verdad, y  a veces hasta les envidio, sin darme cuenta si quiera de la suerte que tengo simplemente por, por ejemplo, sentir la fe. Sí , me refiero a la fe en Dios, en Jesús. La religión es un tema que se deja al buen albedrío y la mayoría de veces simplemente se deja, pero , debo confesar que la autora de este libro ama profundamente a Dios y cree en Él, aunque no haré distinciones entre creyentes y no, simplemente cuando una persona dijo que otra que había hecho el  bien y cuyo crucifijo querían quitar de la habitación en que trabajaba, pues dijo esta persona que no tenía ni sentía fe que no le  molestaba el hecho de que un hombre fuera crucificado. Espero que el lector sea más de esta opinión, pues encontrar lectores que ya crean en la forma en la que yo creo es un poco improbable. Yo a veces creo de forma egoísta, lo confieso, para que me ayude en algo o para tratar un problema, pero en el fondo sé que mi fe va más allá de un puro materialismo dirigido o utilitario, es más bien una actitud de fe alegría y disfrute ante una vida que debemos, ante todo,  disfrutar, pues la siguiente vida, al morir y resucitar estoy convencida que será un disfrute mayor.

Pero dejemos las creencias de la autora del libro y sigamos con la novela.

—————————————————————————————————————————-

Sam estaba en Milán y llamó a su hermana porque deseaba saber a qué debía atenerse, hacia donde iba o en qué dirección su hermana. Bárbara y Sam eran hermanas y punto. Entre ellas apenas existía relación alguna y mientras Bárbara agonizaba ante  esta situación, y se preguntaba qué había hecho mal para que su hermana no la tratara como tal, simplemente dejó escapar el hecho de que las personas como Sam no tratan a la gente sino que tratan con su gente, con aquellos que les interesa, que forman parte de esa estrategia vital que van formando día a día , mensaje a mensaje y llamada telefónica a llamada telefónica. Pero mientras Sam era fría , calculadora, y tiene gracia pues Bárbara era la matemática en este caso, Bárbara era todo ternura, todo amor y si fallaba en algo era en relacionarse con la gente tan calculadora como su hermana que básicamente envidiaban su sincero sentir y a veces sentía que le arruinaban la vida.

Sam había luchado mucho por llegar donde estaba en la revista Voguel , ni más ni menos, pero esta lucha , esta subida poco a poco le había convencido de que debía ser estratega.

Ella no amaba pero sí conseguía que la amasen , de alguna forma traficaba con los sentimientos como los drogadictos trafican con drogas, era un camello del amor mientras Bárbara era adicta al amor, por así decirlo.

En la Catedral Gótica del Duomo de Milán

Estaba cerca de la Catedral del Duomo de Milán la oficina de Sam, pero para ella, esta construcción no era sino un edificio más. Para Bárbara este era un lugar sagrado y por tanto un lugar de referencia. Expresaba no sólo que Jesús viajaba en forma edificante por el mundo, sino que era un lugar de retiro y de recogimiento aunque la cantidad de turistas fotógrafos impedían dicho retiro. A Sam le encantaba hacer fotografías , a Bárbara le espantaban pues suponía el ansia por tener todo mientras se dejaba escapar el ver y el sentir.

Así que Sam le envío a Bárbara una foto de la catedral , pues sabía que le encantaría, simplemente el hecho de ver tal lugar sagrado. Junto su fotografía se podía leer en el whatsapp un texto que decía “¿Qué tal Clare?”

A Bárbara le gustó la foto, a pesar de todo, tal gótica construcción con sus torres apuntando al cielo, ese cielo que albergaba sus sueños, sus frustraciones y su día  a día , pues a Dios le encomendaba sus días Bárbara.

Esta le contestó a su hermana que “Todo iba bien, ya estaban en el ático cerca del British Museum”.

Y así acabó su para nada fraterna conversación, Bárbara intentó preguntar a Sam qué tal le iba, pero se ahorró la pregunta pues sabía que la respuesta era nada.

——————————————————————————————————————-

Tras el ajetreado día de la salida de la residencia de Clare, ambas descansaron en el ático, después que Paul se fuera  a su piso cerca de la City londinense.

Bárbara ayudó  a su abuela a asentarse y comprobó, con alegría, que ésta se las arreglaba muy bien en cuanto a vestirse, desvestirse y desempaquetar maletas, aunque Bárbara cuidadosamente guardó los pocos vestidos que Clare poseía así como sus dos pares de zapatos.

-Un día tenemos que salir de compras abuela, tienes que renovar este vestuario…

-Jajaja..-rió Clare ante la ocurrencia-en verdad eres un ángel Bárbara.

Ambas durmieron profunda y plácidamente, una vez Clare había tomado su medicación y cenado algo  de pavo que era lo único compatible con su diabetes que Bárbara tenía en el frigorífico, debía hacer la compra, pensó, y se durmió en seguida.

—————————————————————————————————————————-

Al día siguiente, a  eso de las ocho de la mañana una llamada al timbre las sorprendió a las dos. No se habían acostado tarde, pero aún así le sobresaltó a Bárbara el timbrazo.

-¡Buenos días!-exclamaba Judith desde el interfono

Judith era la enfermera que habían contratado de la residencia para ayudar a Clare y Bárbara con los cuidados de la primera. Así que una vez, refrescada la memoria de todos, pues ya ambas habían olvidado la existencia de Judith casi, dieron la bienvenida, el primero Boots que  a pesar que se acostó en la cama de Bárbara de vez en cuando iba  a echar una ojeada a Clare su nueva ama y abuelita.

Así que el gato Boots fue también el primero en recibir a Judith a continuación Bárbara le ofrecía un café, Judith lo aceptó, así juntas podrían charlar sobre los cuidados de Clare.

Clare se encuentra muy bien, le dijo Judith a Bárbara y a pesar de que es diabética y tiene tensión alta y un pulso horrible, tiene también algo dentro o esa es mi intuición, sobre algo que quiere contar o decir y no puede. He visto gente así antes,  pero en Clare es evidente, ella esconde algo , algo de vital importancia, y no sabe aún  cómo expresarlo, lo sé, como enfermera veterana puedo saberlo, aunque no sé ni de qué se trata para ser sincera, pero algo hay.

-Buenos días-decía Clare entre bostezos a Judith-casi nos olvidábamos de ti.

-Pues aquí estoy, he venido  ayudaros, así que hoy como primer día os propongo que yo me encargaré de la compra, de la comida y de la casa, así podréis dedicaros a dar un  gran paseo, para dar la bienvenida al día.

-No se me ocurre otra idea mejor, muchísimas gracias, Judith-dijo Bárbara contentísima-

Las tres tomaron el café preguntando Judith qué tal la primera noche fuera de la residencia. Clare contestó que hasta se había dado el gustazo de soñar, algo que desde que muriera su marido, jamás hacía.

Las tres rieron y se alegraron por Clare, Bárbara y Judith y Bárbara propuso un paseo por el Museo Británico, a lo que su abuela respondió de un respingo que soñaba con el día en volver a ver el Museo Británico…

Boots se quedó arrullado en una silla, mientras observaba el ir y venir de Judith haciendo las camas, hasta pasando el aspirador, ese animal que se le antojaba monstruoso al pequeño Boots.

Mientras , Bárbara y su abuela, se disponían a visitar el Museo Británico.

(Describir interior y algunas obras)y Preguntar por toda familia,Paul)

—————————————————————————————————————————–

Existe otra palabra que no dejaba de utilizar Sam en su ¿defensa?: Denunciar

Pobre Bárbara, no sabía ni qué era denunciar, ni qué se hacía en esos casos. Pero Sam y Bárbara sabían a qué se referían , era una cuestión de que Bárbara no sabía de la vida, Sam parecía saber demasiado.

Y mientras Sam utilizaba esta palabra como si de una afrenta se tratara, la pobre Bárbara no sabía ni qué significaba , aunque sospechaba que en muchos papeles se dejaba el horroroso perfume al que Sam olía.

——————————————————————————————————————————

Y vieron en el museo Británco, el Beso, de Rodin. Lo mejor para mi situación sentimental, pensaba Bárbara…

-Mira, el beso, de Rodin.

Tenían tanto de qué hablar que Bárbara comenzó por donde nunca sabía, el principio:

– Abuela, ¿Cómo era el abuelo?

-Ves esa mano en ese cuerpo, ese beso perfecto, romano, griego, universal…

-Sí abuela

-Pues tu abuelo besaba parecido, a lo romano, a lo griego, a lo universal…

-¿Cómo era físicamente?

-Era normal, ni guapo ni feo, pero sabía besar, sabía cómo besar, y lo hacía de forma única.

-¿ Y qué le sucedió? ¿En la guerra?

-Es duro decirlo, Bárbara, pero en la guerra, le cosieron la cabeza a balazos, él sobrevivió, pero ya no era el mismo.

-¿Qué le sucedió?

-Era una noche cerrada, el enemigo estaba cerca, pero lejos, como hoy mismo, y simplemente le cosieron la cabeza a balazos…Uno, dos, tres, él tenía tu edad más o menos, y yo había dado a luz una preciosa hija, así que me ocupé de él, no por caridad ni por Jane, sino por él.

-Le amabas

-¿Cómo lo sabes?

-Por tu mirada al hablar de él, aún crepitan tus ojos al recordarlo.

-Sí. Le amé, le amé hasta la milésima palabra de perder el saber qué es amar. De no saber qué es en verdad amar, así lo perdí.

-Te entiendo , abuela.

-Lo sé , Bárbara, lo sé

Ambas se miraban con preocupación, insinuando no saber qué decir. Y es que en los momentos más importantes de la vida, no basta el hablar, no basta, desgraciadamente un te quiero un lo entiendo, un bla , bla, es sordo, ciego, tonto, no dice nada.

Pero aún así tenían ganas ambas de romper el silencio instaurado hace años en sus respectivas vidas.

-Y con miedo, Bárbara preguntó:

-¿Y él sufría?

-Sí-dijo tajantemente Clare.

Ella apenas sabía de medicina , y eso que fue enfermera en la guerra, aún así , sabía que su marido sufría. Tenía momentos de lucidez, esos eran los peores, pero nada detenía su inquietud, la inquietud de Johan por saber y saber cada vez más, pero no podían decirle la verdad, y menos ella. Se despertaba, a cualquier hora, como un bebé pero ya nada ni nadie podía aclararle nada. Nadie , ni el mismo médico acertaba a diagnosticarle, jamás había visto antes un hombre con cuatro balazos en la cabeza sobrevivir.

Así que sobrevivió y todos un poco con él, con las ganas de mejorar, de cuidarle, de ser con él eternamente.

Pero sabían ya todos que eternamente no viviría, le dieron cinco años de vida, aunque él vivió treinta más, por los cuidados de Clare.

Para Clare fue como perderle para siempre, fue una muerte anunciada, sólo que nadie sabía cómo se desenvolvería. Por supuesto tarde o temprano moriría, pero, nadie sabía cuánto más viviría.

Pero  a pesar de sus momentos de lucidez, él sabía todo, todo lo que sucedía, sólo que era como si el sentido común le hubiera arrebatado todo, hasta a sí mismo.

Y Clare lo sabía, lo sabía por su mirada que él sufría, y no había nada que hacer, ni pastilla que dar, ni remedio al alcance.

Aún así Clare sabía y supo salvar la situación y lo hizo con soltura, decisión y belleza, como la escultura ante sus ojos, delicadamente le dio un beso de amor y lo amó eternamente, tanto, que si por ella fuese jamás habría dejado este mundo.

Ambos sabían que debían despedirse, lo que no sabían era hasta cuánto tiempo, aún así el amor, que todo une, también separa.

Y separa ya sea para bien o para mal, pero el amor es el centro del desamor, el amor genera envidia alrededor, el amor, ese AMOR con mayúsculas, ciega y cual cegador ciega y deja sin palabras, sólo hay que verlo para reconocerlo, y eso es todo, todo por  hoy.

Lo demás son quizás, porqués, para qué s que no conducen a ningún lado. Lo demás en fin son palabras y ahí me falta la razón, ahí me falta el alma. Tengo palabras, palabras para describir, expresar, sentir pero no para el AMOR.

Eso se nota, eso se huele, se seduce , se tiene o no se tiene teniéndose ya es nada, eso no se deduce ni se estudia, ni se suma ni se resta. Ese AMOR se siente y punto.

Para ese AMOR no hay palabras ni futuros ni promesas ni delirios de grandeza, para ese AMOR sólo queda el silencio.

Silencio por AMOR, callo.

——————————————————————————————————————————

Pero no iba a quedar aquí la historia. Clare también deseaba saber más de Bárbara así que ni corta ni perezosa, preguntó:

-¿Y por qué te dejó Ed? ¿Si hoy hay miles de formas de mantener una relación a distancia?

– ¡Ya lo sé abuela! Pero, la verdad, no sé sentía que ya no era lo mismo con él, que habíamos perdido ese AMOR y vivíamos la amistad que queda.

-¿Y tú cómo estás?

-Yo bien, mejor de lo que esperaba. Pensé que me iba a costar mucho más el olvidarle, pero bueno , ya sabes olvidar, lo que es olvidar, no se logra nunca, siempre queda un poso, como con el té aunque intentaré vivir sin él.

-Sabias palabras, hijita, sabias palabras. ¿Sabes? Yo tampoco he olvidado del todo a tu abuelo, aún así a veces para ir hacia delante se debe olvidar u olvidar lo olvidado o intentarlo al menos. No sé si me explico, pero hay que seguir hacia delante, aunque nos dejemos a mucha gente por el camino. Yo a veces hablo con tu abuelo, como si estuviera vivo ¿sabes? Por dentro. supongo que me estoy chiflando.

-No, abuela, no, yo siento también esa voz interior, que puede ser mi conciencia aunque hace tiempo que la bauticé como Dios.

-O sea, ¿tú también tienes fe?

-Sí abuela, jamás la he perdido, nunca, desde que era una niña siento que Dios me habla y yo hablo con Él, así que yo también debo estar chiflada.

-Jajajjaajja

-Jajajajajja. –Rieron las dos encantadas.

Y es que todo esto era el gran secreto de familia, las voces internas, no es que estuvieran locas, a sus conciencias le ponían nombres bien Johan o bien Dios, y esto funcionaba y ya lo creo más que funcionar les daba como una alternativa a un aburrimiento existencial o más bien, superaban la nada existencial con una conversación interna entretenidísima.

Bárbara hacía tiempo que escuchaba a Dios, por así decirlo y aunque suene monjil, formaba hacía mucho tiempo, desde que era niña , como decía ella , parte de su vida.

Esto por supuesto lo contaba a pocas personas si bien a  nadie o a casi nadie. Y así todo iba pasando, sucediendo pero ella incluso iba a misa y leía los Evangelios y hasta se confesaba. Cuando le contó todo esto a su abuela, ella quedó atónita, sorprendida y como con una satisfacción interna que apenas se puede explicar.

——————————————————————————————————————————

Sam volvió a su apartamento , el que compartía con Alfred, y se sorprendió al ver una flecha en el suelo. La siguió y llegó al cajón de su mesilla de noche. Allí encontraba un iPad con su canción preferida, y a continuación una voz de hombre, la de Alfred que le invitaba a cenar esa noche. Ella accedió encantada. Alfred se dedicaba a la construcción, llevaba una empresa familiar de constructores y él era arquitecto, así que fueron a cenar a un pequeño restaurante en el que ambos se conocieron, lo que sorprendió a Sam, pues no estaba acostumbrada a lo pequeño, por decirlo de alguna forma, sino más bien a las grandes fiestas y demás algarabías.

Alfred , tras el postre se arrodilló simplemente delante de ella y con un anillo en la mano y temblando, le preguntó si quería casarse con él. Sam dijo Sí. Llevaban tiempo hablando de ello de la boda y en la primera que pensó tras el sí quiero fue en su hermana Bárbara, pues se alegraría mucho, aún así, llamo a su madre, Jane, para comunicarle la noticia.

Jane casi llora de la emoción y Pierre su padre le preguntó si iba a ser él el padrino a lo que ella respondió que por supuesto. Todos estaban encantados y Jane dijo a su hija si ya se lo había dicho a sus hermanos, pues se alegrarían mucho.

Pero Sam, no había llamado ni a Paul ni a Bárbara, estaban tan ajetreados con la llegada de la abuela que ni siquiera se habían fijado en su nueva situación sentimental.

Bárbara llamó a Sam:

-¡Enhorabuena hermana! ¡te vas a casar! ¡con Alfred!

-Pareces tú más contenta que yo-dijo Sam

-no, simplemente me alegro de que ya hayáis pasado la decisión y que siento haber estado tan centrada en la abuela y tan dispersa de ti.

-Tranquila , Bárbara, lo entiendo. Además díselo a la abuela , que en mayo tenemos boda, que no se le olvide. Por supuesto tú leerás alguna lectura en el altar ¿no?

-Claro que sí, Sam, ya había preparado algo, pero bueno.

-Gracias hermana.

-Un beso

-Un abrazo fuerte

En estos momentos, de alegría contenida y compartida, parecía que todo volvía a la normalidad, aunque en un principio la normalidad era la distancia emocional, parecía que todo se iba aproximando más emocionalmente y Sam y Bárbara se sentían más cercanas.

————————————————————————————————————————–

Muchas veces, al no necesitar palabras para lo más importante existen dos tipos de palabras o adjetivos calificativos que se pueden dirigir. Los positivos o los negativos. Sam era uno negativo, Bárbara uno positivo, por así decirlo, aunque cuando se juntaban se neutralizaban y todo volvía a ser como debía ser. Muchas veces en la mesura, en la medida , en la mitad está la virtud, así que digamos que Bárbara y Sam, juntas eran el todo, por separado eran un poco desastre. Pero vivían sus vidas paralelas de forma muy distinta. Mientras a Bárbara le encantaba la Soledad, a Sam le asustaba y mientras Bárbara hablaba con Dios, Sam de alguna forma parlanchineaba con sus falsos dioses, el dinero, el bienestar y el AMOR. El último no era tan falso.

Así que en algo coincidían ambas hermanas, ambas podían ver a través del AMOR la verdad o vislumbrarla. Sam por su AMOR a Alfred Bárbara con su AMOR a Dios.

———————————————————————————————————————–

Cuando Bárbara esa misma noche le dijo a su abuela que Sam se casaría con Alfred, Clare se alegró de veras de tal evento que reuniría a toda la familia y en el seno de la que ya no era ninguna desconocida.

Las damas de honor serían las amigas de Sam, el padrino Pierre, el novio Alfred y Bárbara diría algunas bonitas palabras, la boda perfecta.

Sin embargo para organizarla contrató a una empresa organizadora de eventos, lo que la hacía un poco fría en opinión de Bárbara y Paul aunque más práctica según Sam.

Paul estaba precisamente esa noche con ellas, con Bárbara y Clare pues Mary, su novia se había ido de viaje por dos días a Estados  Unidos , por trabajo. Mary era entrenadora de un equipo de baloncesto local que chicos que iba muy bien en el ránking y esa semana tenían torneo en Michigan. Cuando Clare lo supo, le encantó la idea de ser entrenadora de baloncesto.

Clare de joven había jugado al tenis y al criquet, por supuesto y también montaba a caballo pero hacía mucho tiempo de eso ya…

No obstante Bárbara le había contado a Paul algo de la conversación en el museo con la abuela, y éste lo encontró algo maravilloso, el AMOR…

Sin embargo para Bárbara comenzaba a ser un tema que le hacía daño, le dañaba porque aunque tenía amor fraterno y demás y AMOR había perdido a Ed recientemente, y eso, para ella era una herida que debía curar cuanto antes, y convertirse así en una cicatriz que le ayudase a vivir más que le impidiese sentir.

Clare , puesto que era viernes por la tarde-noche se sentía algo culpable porque sus nietos la pasaran con ella y no con su novia en el caso de Paul,o con sus amigos, en caso de Bárbara. Cuando relató esta inquietud, sus nietos estallaron en una carcajada. Abuela si mañana toca visitar a mis padres, ir a Lincolnshire, así que hoy no podemos salir y además ya sabes que Mary, la novia de Paul está fuera.

Clare se sintió más tranquila así que todos durmieron muy bien esa noche y al despertarse al día siguiente, con un lametazo de Boots en la cara, Bárbara llamaba a su hermano por teléfono para que fuera a recogerlas en su coche, era el único de los hermanos que lo tenía , y luego se aseguró que Sam iría con Alfred a Lincolnshire, tenían tanto de qué hablar….

El viaje se hizo más bien corto, tardaron un hora y media en llegar y una vez allí sus padres, encantados por ver a Clare y por la boda de Sam y Alfred, decidieron festejarlo con una buena comida en forma de barbacoa en el jardín de la casa.

Jane habló un rato con su madre, Clare y ambas hablaban por lo bajo, de cosas misteriosas, que ninguno de los presentes jamás entendería o, mejor que alguna vez deberían comprender.

Bárbara me ha dicho que habla con  Dios, dijo Clare a Jane , lacónicamente. Ésta se dio cuenta que le pasaba como al abuelo Johan , así que preocupada, le dijo que llamaría a un médico. Pero Clare se lo prohibió, ¿quieres estigmatizar o dejar a tu hija como si estuviera loca toda la vida cuándo tú y yo sabemos que es algo natural en esta familia? Ella forma parte de los predestinados, lo sabes…

Los predestinados era un grupo de personas que se dedicaban a la adoración a Jesús, no eran una secta ni nada parecido, simplemente eran descendientes directos de Abraham, el profeta que anunciaba a Jesús.

Entonces, pensó Jane, ¿por qué Sam no escucha la voz?

Porque la ha silenciado, la ha reducido a ruido, la ha obviado, le molestaba, no iba con ella.

¿Y Paul?

No sé quizá simplemente no la haya heredado este último, ya sabes que suele ser cosa de mujeres.

Pero el tema no eclipsó lo más importante, la boda de Sam. Todos hablaban casi a la vez sobre cómo se vestirían o prepararían para la boda, y Pierre dijo a Alfred que le ayudaría con los gastos, aunque este no lo aceptaría. Agradeció el ofrecimiento.

Hasta se sacaron fotos ese día y todos estaban perfectos, hasta Sam y Bárbara parecía que habían retomado algo de su amor fraterno estancado en sus invisibles disputas.

Paul y Alfred la verdad que se llevaban muy bien, aunque Alfred era mayor que Paul, según Bárbara su hermano Paul, tenía don de gentes, algo que envidiaba profundamente en él, pues parecía caer bien y llevarse bien hasta con Sam.

Clare preparó limonada, una especie de brebaje de limón que supo a todos fenomenal, mientras Jane hacía la ensalada y Pierre, Alfred y Paul freían las chuletas y Bárbara y Sam se encargaban del postre.

Todos estaban en sus puestos, por así decirlo y conversaban animadamente sobre la boda de Sam y Alfred.

Mientras Clare y Jane hablaban sobre Bárbara y su don especial, Sam y Bárbara hablaban sobre Ed y cómo se encontraba Bárbara, ante la ruptura. Fue más bien dejadez, aclararía Bárbara  a Sam, me dejó él y estoy segura que fue por otra chica no sé , tengo esa intuición, peor hablemos de tu boda, Sam, ¿estás nerviosa?¿me enseñas el anillo otra vez?

Mientras Alfred, Paul y Pierre daban la enhorabuena a Alfred y le hacían preguntas también, Paul estaba interesado en cómo sabía que era el momento preciso para casarse y, en fin, otra vez acabamos hablando de AMOR.

——————————————————————————————————————————

Judith no trabajaba ese fin de semana , aún así le había dejado algunas instrucciones a Bárbara sobre cómo preparar la comida, qué platos cocinar como verduras de primero y pescado de segundo y de postre un yogurt desnatado.

Estaba leyendo todo esto Bárbara cuando su abuela se despertaba.

¿Qué tal abuela? Estuvo bien la barbacoa de ayer, ya me fijé que apenas comiste nada, así que hoy prepararé una buena comida, para seguir tu dieta.

-Hija te preocupas demasiado por mi –dijo Clare algo preocupada por su nieta.

-No , para una vez que por fin te tenemos entre nosotros.

-De todas formas hay algo que debes saber , Bárbara

Ambas hablaron sobre la voz que Bárbara escuchaba y ella, con toda naturalidad trataba entre los muy allegados, claro, y le confesó a su abuela que sin esa voz interior se encontraría perdida. Lo era todo para ella, era mucho, a veces, cuando estaba muy nerviosa no la oía y eso le angustiaba más, pero poco a poco fue haciéndose a “la voz”.

-¿Conoces el grupo “The Angels”?

-¿De música?-no la verdad

-No de música no. Bárbara, de alguna forma tu voz te convierte en una especie de predestinada, de bueno, no te asustes pero tu abuelo escuchaba esa misma voz, yo misma la escucho.

-¿De veras abuela?¿La escuchas?

-Sí y me gusta mucho, como a ti, me tranquiliza y me ayuda a relajarme ya  afrontar la vida.

Bárbara, a pesar de que estaba atravesando un momento difícil sentimentalmente hablando, sabía que Dios no la abandonaría, y la llegada de su abuela fue una forma de sentir alivio y si además ésta escuchaba la misma voz, es que no estaba tan loca en el fondo.

-Para nada se trata de una locura, le aclaró su abuela, muchos orientales , los lamas o los hindúes casi morirían por escuchar la voz que ambas oímos, es una especie de estado de kaarma, en el que escuchas la voz.

-Sí , además, suele ser por las noches, antes de acostarme cuando más la escucho y más confieso ante Dios mis miedos y mi situación personal, ya sabes sentimental y general.

Su abuela se dio cuenta en seguida que debían ponerse en contacto con “The Angels” aunque luego lo pensó bien, lo repensó y decidió que Bárbara podría quizá librarse de sus reuniones rutinarias, una vez aliviada ante la inquietud de saber que no era la única que escuchaba esa voz. En verdad Clare la escuchaba y sabía que el procedimiento era ponerse en contacto con dicho grupo, pero dado lo mucho que amaba a Clare, le ahorró el disgusto de las reuniones con los predestinados, pues podrían quizá absorberle de su realidad, situar esta voz en otro camino y fastidiarlo todo.

Lo decidió y aunque Bárbara le preguntaba por “The Angels” ella le dijo la verdad, que no le convendría, que sería una viajera solitaria, como su abuelo, ella misma y que de hecho, muchas veces pertenecer a la comunidad le haría sentir quizá extraña la voz y quizá podría hasta no escuchar a Dios mismo, aún así le contó todo lo que sabía sobre la voz.

Le proporcionó también un libro sobre Jesús, Dios hecho hombre que Bárbara estaba entusiasmada en descubrir y, de hecho ya había pedido las vacaciones en su Centro Escolar, el mismo día en que fue a recoger a su abuela, pero no por cuidar de su abuela solamente, en verdad necesitaba ese tiempo.

Las vacaciones comenzaron a planearse antes de que la boda tuviera lugar. Mientras ambas comían , decidieron ir a Granada, en el sur de España , a tomar un poco el sol y a ver los monumentos e iglesias, como la Alhambra y  las iglesias del Albaicín , un barrio de los más antiguos de Granada.

———————————————————————————————————————

Paul se ofreció a llevarlas al aeropuerto esa mañana soleada, y así, de paso tuvo tiempo de hablar con su abuela. Paul se preocupaba por todo, sabía lo de la voz de su hermana y aunque a veces quería vivir su propia vida, no podía evitar un poco de envidia por su hermana, por eso de ser predestinada, aunque también pensaba que Bárbara lo habría pasado mal hasta confesar que escuchaba a Dios.

Lejos de ingresar en un convento o seguir a los demás predestinados en “The Angels” Clare decidió casi por Bárbara que ésta sería una viajera solitaria como ella misma y así disfrutaría doblemente su don.

Clare les explicó a ambos que antes de ser enfermera, había espiado a los alemanes, pues su marido, Johan, era judío y sabía que muchos alemanes envidiaban la pureza de vida y sencillez así como la honradez y quietud e inteligencia de los judíos.

Había sido un pueblo muy perseguido históricamente y todos querían, según parece eliminar la raíz de Dios del mundo aunque para Bárbara no había razón pues para ella el mal no existía, sino que era consecuencia derivada de ese AMOR que a veces se desvirtúa.

Sus nietos quisieron saber más sobre las actividades de la juventud de Clare, y ésta les entregó un diario que detallaba perfectamente, día  a día, noche a noche, sus andanzas juveniles.

Clare no daba abasto, entre los evangelios y el diario de su abuela, iba a tener mucho tiempo que emplear en leerlos. Sin embargo ese mal que Bárbara no veía y que Clare distinguía desde lejos, estaba a punto de perseguirles.

——————————————————————————————————————————

Llegaron a Granada a las diez de la noche, aún así se acomodaron en la habitación del hotel para tomar un último té. Bárbara sabía algo de español, pues lo estudió para dar clases de matemáticas a un niño con necesidades especiales que iba a la escuela.

Aprendió un nivel intermedio, y pudo defenderse muy bien durante todo el viaje.

Vieron la Alhambra y quedaron sorprendidas ambas por el conjunto de jardines, fuentes y palacetes que según imaginaron ambas , debió de ser en sus tiempos, aún más impresionante.

El hotel en el que se hospedaban se encontraba en el mismo Albaicín , en el barrio más antiguo de la ciudad. Y la luz, el calor, el ambiente de alegría que se respiraba en cada paseo les cautivó. El ver gente de todas las razas, como en Londres, pero de una forma distinta, como gozando de la vida, les proporcionó nuevas perspectivas de ilusión y alegría renovadas.

Sin embargo poco sabían de la especie de conspiración que se estaba preparando en Londres, donde Ed, desde Australia, era el jefe , por así decirlo de la trama contra Bárbara.

Ed tampoco podía olvidar a Bárbara pero en vez de saber que jamás lo haría se dedicó a intentar acabar con ella. Urdió una trama perfecta para que, a la vuelta de su estancia en España fuera ingresada en una clínica por algún trastorno mental, pues él mismo sabía que Bárbara hablaba con Dios, se lo confesó una noche así , sin más y él quedó sobrecogido, asustado y envidioso o rabioso, pues de alguna forma jamás podría poseerla entera, ella se debía a otro.

—————————————————————————————————————————

Ed llamó por teléfono a su hermana Sam el día que Bárbara y su abuela volaban hacia Granada. Tu hermana está loca, fue literalmente lo que le dijo Ed a Sam. Ésta algo aturdida por lo de la voz y Dios y puesto que ella había aniquilado ,algo así como Nietzsche, su propio Dios interior, pues además no a todos los mortales les era concedida la dádiva de la fe.

Así que mientras Bárbara y su abuela rezaban en todas las iglesias que había en Granada, por sus allegados, Bárbara incluso rezaba por Ed, para que le fuese bien en Australia, y hasta por Sam para que algún día le tratase como trataba a otras personas.

Mientras ellas rezaban, Ed y Sam urdían la trama de la posible destrucción de Bárbara. La madre  de Bárbara, fue poco a poco convenciéndose cada vez más de que su hija no estaba muy sana, mentalmente hablando, pues Sam se encargó muy mucho de recordárselo y martillearle con la idea día tras día.

Pero Dios tenía otros planes.

Una vez finalizadas las vacaciones, en las que vieron todos los colores existentes en la paleta de un pintor, y tomaron el sol hasta hartarse en una pequeña terraza que tenía el hotel, volvían para Londres, cuando el teléfono de Clare sonó.

Para su sorpresa era Pierre, el padre de Bárbara quien honestamente contó a Clare que se alejase de Bárbara que no estaba mentalmente bien y que, le iban a ingresar  en una clínica al volver de  las vacaciones.

Clare se quedó blanca, aún así no dijo nada, no sabía , ella, que había sido enfermera y espía, cómo parar ese dispararte. Bárbara había evitado que Clare enloqueciera literalmente y ahora querían internar a su nieta en una clínica.

No sabía qué hacer ni cómo decírselo a Bárbara, aún así decidió darle el consejo de su vida a Bárbara:

Bárbara creo que caminamos hacia algo desastroso, aún así sé tú misma, confía en ti y en Dios y que Éste se apiade de Ti.

Tres días después , tras un reconocimiento médico en el que por supuesto Bárbara confesó no oír voces como ponía en su expediente, sino escuchar a Dios, decidieron internarle en el hospital para enfermos mentales de Londres.

Bárbara lo pasó fatal, sabía que algo fallaba, aún así se dejó hacer.

Dejó que los enfermeros la medicaran, dejó que los pacientes hicieran de las suyas, pues ellos estaban realmente mal, y básicamente dejó que todo sucediera como debía suceder.

Un mes después diagnosticada con una excusa para verse realmente rara a sí misma, Bárbara salía del hospital, no sin antes haber desarrollado un miedo agonizante a toda la sociedad.

Y el plan de Dios comprendía esto, ella debía batallar contra sí misma y Dios sabía que volvería a poder ser con ella.

Clare el mismo día que ingresaban a Bárbara en la clínica, murió, de un ataque al corazón, en el piso de Londres de Bárbara se la encontró Paul después d Boots, para su gran y devastador disgusto.

El funeral se celebró el día siguiente y asistió el mismo Ed , tuvo la vergüenza suficiente para presentarse ante la familia de Bárbara y preguntar por ella.

A Bárbara por supuesto no le contaron nada sobre que su abuela había muerto, pero para Bárbara en verdad Clare jamás murió. Podía hablar con ella y lo notó cuando ya supo toda la historia, cuando Sam le dijo que Clare había muerto, el mismo día que le dieron el alta del hospital.

Bárbara se asustó tanto que comenzó a desarrollar una especie de fobia social, casi autismo porque en verdad no le apetecía relacionarse con nadie. De alguna forma sabía que Ed estaba detrás de todo y que ella  no podía hacer nada, sino batallar contra sí misma, o mejor, dejar fluir las energías, como Paul le aconsejaba.

Lo pasó realmente mal, fueron días, que se convirtieron en años de desasosiego,  de pastillas. Sam comenzó a sentir pena por Bárbara y no sin consultarlo antes con Ed, confesó a su madre lo que había planeado antes de las maravillosas vacaciones de Bárbara con su abuela.

Jane no podía creerle , pero no porque no pudiera, sino porque en verdad no quería.

La siguiente muerte fue la de Boots, el pequeño gran Boots moría el día que Bárbara salía del hospital, con su alta en la mano y al cabeza bien alta, aunque asustada por y para todo.

Paul llevó a Boots cerca de donde enterraron a la abuela, y llorando a lágrima viva, pues fue uno de quienes más sufrió por Bárbara, el verla convertida en nada literalmente, la pérdida de su abuela, y ahora de Boots, decidió, cuando se enteró de todo emigrar al norte de Francia, alejándose del ambiente que le envenenaba y con mucha pena por Bárbara, pero era su oportunidad. Su oportunidad para desarrollar un proyecto en el que se había involucrado mucho con el trabajo, y su oportunidad para poner un poco de tierra de por medio.

—————————————————————————————————————————

Pasaron años cuando Bárbara pudo volver a escuchar la voz, su voz y lo primero que hizo fue hablar con su abuela. Ella siguió el consejo de ser ella misma, y lo fue hasta el final de su ingreso y hasta el principio de su vida estigmatizada para siempre. Aún así se lo tomaba con humor. Hablaba con Paul muy a menudo e intentaba no sólo desahogarse con su único cómplice en el mundo sino también se preocupaba y mucho por él.

—————————————————————————————————————————-

Así que Dios habló. Cuando Clare lo encontró era ya noche cerrada aunque un amanecer se cernía en el horizonte. Te quiero, le dijo Clare a Dios, yo también Clare, debes hablar con Bárbara, está asustada.

Y ya lo creo que hablaron, su conversación dura hoy en día y tras este desarrollo precipitado de los acontecimientos, el lector comprenderá que fue para Bárbara todo un trauma, aún así hoy sigue dando clase de matemáticas, sigue con su vida, en vez de Boots tiene a Altair, otro gatito, y aunque ya no sueña con el AMOR, sí lo siente día a día a través de su  VOZ.

—————————————————————————————————————————-

La voz de Joseph , el antiguo médico de Clare, sonaba detrás del aparato móvil.

-Bárbara ¿te acuerdas de mi? Soy Joseph, el médico de tu abuela

-Hombre, claro que me acuerdo, ¡qué alegría escucharle!

Más contenta se iba  a poner con lo que Joseph iba a relatarle. Había estado revisando el expediente médico de Bárbara y no encontró nada extraño salvo lo que él mismo se temía, una conspiración contra ella. Pero no se lo dijo así claramente, sino que le invitó a hacerle una visita.

Bárbara aceptó encantada.

-¿Qué tal Bárbara?

-Muy bien , Joseph , aunque ya sabrás todo lo que nos ha sucedido. Mi abuela, bueno, ya sabes, murió.

-Tranquila, Bárbara, lo sé todo. Más de lo que podrías imaginar.

A continuación Joseph relató a Bárbara la verdad, que entre Ed y Sam habían urdido un plan siniestro para acabar con su personalidad.

Bárbara, atónita , primero se enfadó muchísimo, pero, al llegar a su casa, al escuchar su voz, decidió perdonar. Ya había pasado mucho tiempo desde el fallecimiento de su abuela , y aunque podría enfadarse con el mundo, tirar la toalla y de alguna forma rendirse, siguió su camino decidiendo perdonar a su hermana y a Ed.

Llegó el día tan pospuesto de la boda entre Alfred y Sam y Bárbara, que tenía que leer en la iglesia escribió estas palabras:

“Si te dan una bofetada, pon la otra mejilla. Muchos no entenderéis estas palabras, pero yo las he vivido en mi propia vida, y , la verdad , ya no guardo rencor a nadie ni a nada. Muy al contrario estoy agradecida de la experiencia que para mí ha supuesto el pequeño trauma que he vivido.  Aún así , aún recuerdo las palabras de mi abuela fallecida, “sé tú misma y confía en Dios”. Ha habido días en que he desesperado, en que he dejado a Dios de lado, en que he pecado y mi mayor pecado quizá haya sido no estar más al tanto de mis hermanos, Paul y Sam, de todos vosotros, mis amigos y amigas quienes habéis hecho de mí misma lo que soy, y , por supuesto de mis padres a quien debo no sólo esta maravillosa vida sino la eternidad misma. Amad y escuchad vuestra voz interior, vuestra conciencia, canalizar vuestras energías, pero jamás dejéis de AMAR”.

Así Alfred y Sam se dieron el sí quiero. Joseph, el médico que había sido invitado a la boda de Sam y Alfred quedó atónito ante las palabras de Bárbara, como muchos otros. De alguna forma Bárbara era un chivo expiatorio para todos. Se había transformado así en un ángel, y así la vio, sólo le faltaron las alas, pero esto era ya demasiado.

La fiesta tras la ceremonia transcurrió estupendamente. Paul , y Bárbara charlaban animados, incluso Paul le dijo que había vuelto con Mary y que ésta le había dado el sí quiero. Bárbara abrazó a su hermano. Ambos se fundieron en un abrazo cósmico, apretujados estuvieron casi cinco minutos que a ambos parecieron unos segundos apenas.

En ese abrazo Paul sintió cómo algo nuevo renacía en él, una nueva esperanza, una nueva ilusión. Su hermana Sam se había casado, como haría el más tarde y Bárbara estaba muy bien de sus fobias y miedos.

Estoy orgullosa de ti, Bárbara, le dijo su hermano, has pasado todo esto sola , yo intenté que lo hicieras tú sola , para luego sentirte más orgullosa si cabe con el resultado.

Bárbara lo sabía de sobra, sabía que Paul le había concedido su espacio y se lo agradecía con un infinito te quiero.

Sam brindó con Bárbara, Ed también andaba por ahí con una novia nueva y con planes de boda también.

Cuando la fiesta terminó Ed fue  hablar con Bárbara. Esta le escuchó y Ed le dijo que era muy feliz con su pareja actual y por qué ella , pues seguía siendo muy guapa, no se juntaba con nadie , pues pretendientes no le faltaban.

Bárbara , decididamente, le dijo: Ed, has hecho que mi mundo sea otro ya.

Ed no podía creérselo, ¿tanto había influido en Bárbara? Tampoco se hizo el tonto y con un lo sé, acabaron la conversación, no sin antes felicitar Bárbara a Martha, la nueva y futura esposa de Ed.

Bárbara se quedó un momento con sus padres y estos le dijeron que en verdad estaban muy orgullosos de ella.

Bárbara sonreía y se sentía feliz.

Joseph habló con Bárbara y le ofreció su ayuda para lidiar con todo lo que necesitara. Bárbara le dio las gracias y aceptó  que le ayudara,  con sus problemas diarios, con su miedo al compromiso, con su miedo a una sociedad que estaba enrarecida y que Bárabara cada vez entendía menos.

————————————————————————————————————–

Sam y Alfred tuvieron mellizos, Clare y Pierre. A Bárbara le encantó la idea de los nombres y enseguida simpatizó con los bebés a los que se ofreció a cuidar cuando quisieran.

Sam le dijo que había contratado una niñera, pero aún así podía visitarles cuando quisiera.

———————————————————————————————————–

Y así comenzó la vida nueva para Bárbara, seguía visitando al doctor Jospeh, y éste le ayudaba muchísimo con todo. Bárbara le dijo claramente que ya no buscaba el AMOR, que de alguna forma lo había encontrado en su familia y aunque, presa del desamor, sentía que su odio a la sociedad en la que vivía se debía principalmente a que no había digerido el desamor experimentado.

Joseph estaba de acuerdo con ella, sin embargo, le seguía pareciendo un ángel, y se lo decía sin cortapisas. Si el mundo tuviera más gente como tú, la sociedad no te parecería tan enrarecida. Sin embargo ambos sabían que con una sociedad repleta de personas como Bárbara todo sería demasiado aburrido. Ambos reían ante esta posibilidad.

Bárbara siguió intentando cerrar la herida, que ya comenzaba cicatrizar sobre Ed y comenzó a olvidarlo. En ese momento en que ya le estaba olvidando recibió una invitación  de boda, la de Ed y Martha. No sabía qué hacer, ¿asistir? ¿no asistir? Se lo contó al médico Joseph, y a este la asistencia de Bárbara a la boda de Ed y Martha le parecía hasta terapéutica.

Así que otra vez se fue junto a su hermana Sam a comprar un vestido de boda. Ambas charlaron animadamente y Sam le contó a su hermana que Clare ya casi caminaba y Pierre hablaba casi, al menos decía mamá o lo intentaba.

Bárbara , se sentía feliz, por sus sobrinos a quienes veía crecer y parecerse cada vez más a  su hermana Sam, que era pelirroja y muy guapa también.

—————————————————————————————————-

Y llegó la boda de Ed y Martha. Bárbara iba con sus mejores galas, y todos le decían lo guapa que estaba. Agradecida esta vez no le tocó leer en la boda, pero disfrutó como una chiquilla. Bailó como la que más y allí mismo conoció a un chico muy agradable que hasta le pidió el teléfono.

Ella se lo dio y volvió la primavera a florecer en todo su esplendor, y volvió Bárbara a sentir AMOR y con ello cerró de golpe una etapa de su vida. Comenzaba otra bien distinta. John, el chico que ahora salía con ella, estaba bastante enamorado, aún así se lo decía a ellla, pero Bárbara huía de todo compromiso.

Habló con Sam y esta le dijo que se tranquilizara ante un posible compromiso con John , que todo saldría bien y que no se inquietara. Paul le dijo lo mismo y con John precisamente asistió a la boda entre Paul y Mary.

La catedral de St Paul , en Londres, donde se celebraba la ceremonia, estaba muy concurrida, y Bárbara no pudo sino acercarse hacia el ábside izquierdo de la capilla donde, para su sorpresa, vio dos ángeles esculpidos en piedra, en los que jamás se había fijado.

Bárabra, de alguna forma sabía que esos dos ángeles representaban a Clara y Johan, sus abuelos, no sabía por qué pero les sentía ,muy presentes.

Esa noche, tras la boda, confesó a John todo su pasado, su estancia en el hospital y que oía una voz. Éste sin inmutarse le dijo que él también oía una voz y que la atribuía a Dios. Bárbara no podía creerlo. Por fin encontraba uno de los predestinados, y llena de AMOR le besó como nunca antes había besado.

—————————————————————————————————————-

Joseph, el médico,  se alegró mucho de que Bárbara ya saliera con John y Bárbara le confesó que oía la voz de Dios , también.

Joseph encantado le contó la historia de los predestinados. Eran casi todos judíos y casi mueren tras los campos de concentración pero su abuelo y abuela, John y Bárbara fueron una alegre excepción a  la norma.

———————————————————————————————————————

Y así hoy sigue Bárbara con John y con sus apasionadas matemáticas y con Alstair y su pequeño ático cerca  del British Museum.

Sam se despertó en mitad de la noche, se culpaba de todo, hasta de la muerte de su abuela, pero en esta vida no existen culpas, ni culpables no hay mal ni más lejos ni más cerca que el que existe aquí mismo.

Así que resuelta a arreglar todo, llamó a su hermana. Ésta le atendió en seguida, pues eran las seis y Sam jamás se levantaba tan pronto.

-Todo fue una trama

-¿Qué?

-Entre Ed y yo

-¿Estás bien  , Sammy?

-Sí, muy bien.

-Te digo que no estás enferma, jamás lo estuviste. Lo tramamos Ed y yo para que no sé ya ni para qué…

-¿Sabes?-Joseph, el médico de la abuela me lo contó todo, ya sé que jamás estuve loca, que solamente algunos oímos su voz, la de Dios.

-Lo siento

-No digas eso, Sam, no fue tu culpa, ni la de nadie, no pasa nada.

-Bárbara, recuerdas cuando dibujábamos en las paredes de casa…

-Sí

-Siempre te envidié Bárbara y no sabía cómo hacer que salieses de mi vida….

-Hace tiempo que lo sé , sin embargo te veo aún como lo niñas que éramos. Sam para mi eres como siempre, no has cambiado, te amo.

-¿A pesar de todo el daño causado?

-A pesar de todo

-Y, ¿cómo puedes perdonarme?

-Porque somos iguales

-¿Cómo?

-Sí, las dos damos la vuelta a todo. Ya me entiendes

-Sí, jajajaj

Ambas se referían a lo que su madre siempre les decía, que daban la vuelta a todo, que para decir una cosa, decían lo contrario.

Y era verdad, de alguna forma u otra todos caemos en los mismos errores de siempre, aún así la infinita capacidad de perdonar, de algunas personas, de la gente de buen corazón, esa gente con la que te dan ganas de reír, de  volver a vivir lo vivido, de una forma

Leave a Reply

Fill in your details below or click an icon to log in:

WordPress.com Logo

You are commenting using your WordPress.com account. Log Out /  Change )

Twitter picture

You are commenting using your Twitter account. Log Out /  Change )

Facebook photo

You are commenting using your Facebook account. Log Out /  Change )

Connecting to %s