Danza

El mundo danza, danza a una velocidad de no ya bolero, sino desespero, pero en cada bailoteo me pierdo. Me pierdo o no me actualizo vaya, todo va y viene demasiado rápido, ya es una danza de esas contemporáneas que a penas tienen ritmo establecido o paso por aprender. ¿Dónde hemos llegado? Ayer todo era más lento, ayer la lentitud del paso me hacía reconocerme, hoy me pierdo.

Me pierdo en un vaivén de alboroto casi, de un ir y venir que no es sintónico, sino que marea. Aún así todos intentamos seguir el fingido ritmo, aunque se me antoja que este no existe. Todos danzamos , todos vamos y venimos pero perdemos algo en la marcha, lo sé.

¿Será que viajamos sin dejar huella?¿Que bailamos sin disfrute?¿Será que tenemos miedo a permanecer? Que la evasión del momento rápidamente evadido nos hace no preguntarnos ni de dónde venimos ni hacia dónde vamos.

No sé qué será, mientras yo intento seguir la danza, como si fuéramos abejas, hormiguitas trabajadoras sin hormigueo que nos incite a preguntarnos nada, sino a responderlo todo. Parece que tenemos respuesta a todo o si no la inventamos. No sé , ignoro todo pero en este no saber hay un latido, un  no sé qué que me hace preguntarme todo y responderme nada.

Pero de esta danza debemos exprimir , lograr al menos disfrutar y si esto fuera imposible, al menos intentar improvisar , hacer de todo algo original, nuestro, dejar la impronta de nuestra personalidad, ya sea fea o bonita, aunque no creo que ninguna personalidad sea fea, más bien todas tienen algo, una atracción , una característica que la hace no ya resaltar sino cuando menos brillar.

No sé si acabaremos siendo estrellas en el firmamento, lo que dudo con tanta basura espacial rondando por el universo conocido. Lo que sé es que seremos, seremos lo que vamos siendo. Sinceramente no creo en la nada. La nada no existe. La nada duele. La nada es como esa señora grave y vestida de gris oscuro, con gafas de pasta negra y pelo recogido, como una grave maestra que no dice nada. El todo, sin embargo es un ermitaño, es un señor de barbas, como el tiempo, pero sin reloj. Supongo que un poco de todo es lo común que tenemos y la nada lo que nos separa.

Y en esta danza chocamos, en esta danza trastabillamos, nos tropezamos de repente, unos con otros, sin saber que la vida, esa que tanto culpamos unas veces de todo o a la que simplemente nos entregamos sin otro propósito que vivir, como si fuera poco, como si fuera nada. Sin embargo lo es todo, todo es vivir nada no ya es morir, pienso que morir es un paso a otra vida. Lo creo a pies juntillas , sin embargo se me hace duro pensar en no escuchar voces que hoy tanto aprecio. Eso, las voces del alma, las queridas es lo que echaré de menos, estoy segura.

Pero no me voy a poner grave, ni triste,más bien voy a animar a que la vida hay que vivirla con ese éxtasis de pasión que nos aporta el corazón y que la razón  muchas veces se empeña en minimizarla, en robar a un momento apasionado cualquier explicación, como si la hubiera.

Pero todo es necesario, tanto la razón para filtrar lo que sucede y darnos explicaciones como el corazón para sentir que no se necesita explicación alguna a lo que sucede, que lo que sucede, sucede y punto, pero sí, la razón es necesaria. Necesitamos reflexionar para transigir con los sentimientos, explicarnos qué sucede, y buscar un porqué. Muchas veces dicho porqué no servirá para nada si a caso para expedir una receta de algo llamado  comprensión, pero en este mundo sinceramente veo menos comprensión y más alboroto, menos amor y más cerebral inteligencia. Quizá necesitemos una buena dosis de amor ,  no ese que es sexual o de pareja, sino amor al semejante, amor al hermano, al que pasa por donde pasamos, al vecino, al semejante por muy distinto que nos parezca.

Sí sin amor nada crece, ni danza ni esperanza, o si falta el amor todo falta. Todo es insípido, doloroso y cuesta. Pero con amor, ese amor que surge de lo más profundo y se dirige a todos, ese amor que todo perdona, ese amor que todo entiende. Ese amor sempiterno, ese amor que no debe desaparecer jamás , pues una vez perdido dará lugar no ya  a la nada que sería su caso sino a un odio, a su contrario, que nos auto destruiría.

Así que reivindico danzar, bailar, ir y venir por el mundo, pero hacerlo con el amor más grande sentido profundamente. Y con  amor digo comprensión hacia el otro, ganas de ponernos en su lugar de desplazarnos en la danza y ser entre todos un bailarín o una nota musical o un ritmo que todo trastoca. Bailemos.

 

 

 

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