Historia de bicis

 

Todo el mundo dice que si algo es como aprender a  andar en bici nunca se olvida, aunque , la verdad, aprender a desaprender es complicado, cuando menos traumático. A mí me enseñó mi hermano mayor  a andar en bici, y jamás olvidaré cómo simulaba que ganaba yo en todas las carreras infantiles de bicis. Cada vez que veo un grupo de ciclistas me da por tararear la canción de Verano Azul, aquella serie que , con chanquete  a la cabeza, encandiló un país.

Pero ya hace mucho tiempo de eso. Mucho. La última vez que me subí  a una bici era estática y para hacer “spinning” ,lo que no me gustó nada y casi me caigo del aparato.

Las bicis no deben ser estáticas, la que teníamos en casa acabó sujetando el papel higiénico en el baño….Las bicis deben ser corredoras, corredoras de sueños, de carreras, de idas y venidas, pero que corran con la fuerza del viento o a contra viento, pero que corran al pedalear.

Cuando paseo con mi padre, le encantan las bicicletas eléctricas y en mi pequeña ciudad existen muchas, bicicletas en general, ya sean eléctricas  o no.

La última vez que volé en avión, algo que me da pavor, pues sujeto el avión con las suelas de mis pies, literalmente e imaginariamente, por supuesto, al llegar a mi ciudad, vi una bici, lo primero, y la imagen me encantó.

Una ciudad con bicis es una ciudad sana, nos ayuda a saber que pedalear lleva su esfuerzo, pero también su premio, que tras cada pedaleo se avanza o retrocede, según la dirección que se coja, pero también uno ve el paisaje y el paisanaje , y aunque los peatones se enfaden cuando una bici les pasa a toda velocidad, pues no les falta razón para el enfado, pero hay que echarle vértigo a la vida como hacen los jóvenes subiendo y bajando bicis por rampas y haciendo todas las acrobacias posibles.

Las bicis están hasta en el circo, hasta en la película de La Vida es Bella de Roberto Benigni, y todo lo que en mi vida me gusta, por así decirlo y ahora que lo pienso , está rodeado de bicis. Mi paseo al lugar donde voy a nadar, plagado de bicis , el paseo matutino con mi padre, lleno de bicis también. Y no es que esto sea Ámsterdam ni mucho menos, pero se intenta que sea una “ciudad verde” como ahora está de moda, aunque para una ciudad verde lo mejor es amar la naturaleza en todas sus formas, más que hacer virguerías para no conducir o evitar conducir.

Yo no me saqué el carnet de conducir y creo que jamás lo haré, ahora el de bici, lo tengo por descontado, caída tras caída.

Recuerdo unas Navidades, que había pedido a Sus Majestades los Reyes Magos de Oriente una bici de paseo rosa. Yo me  la imaginaba grande , de paseo con su cesta. Mi madre paró la cabalgata de reyes literalmente para conseguírmela y yo al día siguiente no parecía muy sorprendida ante mi bici que no era de paseo pero oye, era una bici rosa.

Y la subí a la piscina y mientras pedaleaba más o menos contenta con mi bici, mis “amigos” se reían porque era rosa y fea. Así que la bici acabó en otras manos. Esa bici me ha llegado al alma, era una bici que jamás quise pero que a la vez quería. Es raro, pero supongo que esto no es sino un capricho más. Un capricho de una niña no ya consentida sino tonta.

Menos mal que la bici acabó en buenas manos, aunque eso no me consuela. Me pregunto ahora dónde estará mi bici rosa, esa que valió la pena parar toda una cabalgata, esa que mis padres me regalaban con amor y yo recibía con reticencias.

Supongo que tenía la edad en la que el ser humano comienza  a ser idiota, yo por lo menos. Jamás me perdonaré el haber desdeñado aquella bici rosa a  por la que ahora tanta nostalgia siento. Y siento nostalgia por mi bici rosa, que aunque no era de paseo, te podías inventar el paseo y ya estaba, y siento nostalgia por esas Navidades de paseo, en las que una bici era una señora bici como regalo. Y hoy me arrepiento, sí me arrepiento con todas mis fuerzas por haber regalado al mejor postor mi bici rosa que no era de paseo, me arrepiento porque entre otras cosas, a mi madre le costó más que un paseo conseguirla y porque ya jamás tuve una bici igual. De hecho, jamás tuve bici, bueno una naranja que era como de montaña y mi hermano mayor empotró contra algún montículo, así que ya no servía para mucho la pobre bici.

Pero si siento algo, si algo se me ha clavado en el corazón es esa bici rosa, lo que la deseé y lo que la desdeñé, todo a la vez, y ojalá volviera  a tenerla  aunque nada vuelve, pero estoy segura que con ella volaría y no solo pedalearía, de hecho pienso que hice un feo muy feo a Sus Majestades los Reyes Magos de Oriente, y debo estar en la lista negra de niños que no aprecian del todo sus regalos. Me juré  a mi misma que jamás sucedería otra vez, el no apreciar algo, pero aún tengo clavada en la mente las risas de mis compañeros al verme subida a mi bici rosa. Ellos tenían grandes bicis, de carreras, yo iba desprovista de todo con mi bici rosa, pero al menos, nos teníamos la una  a la otra. ¡Qué tonta fui en sucumbir  a esas risas, en pasar vergüenza con mi preciosa bici rosa! Qué tonta fui, seguro que Sus Majestades los Reyes Magos de Oriente, con la paciencia que tienen han perdonado mi comportamiento infantil, yo, simplemente, no puedo perdonármelo, así que jamás olvidaré mi bici rosa , sí de pantera rosa aunque no de paseo, cuando todas son de paseo.¡ Perdóname bici rosa!

 

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