Parar

Hoy me llamó la nada, hoy el cansancio inerte se apoderó de mi cuerpo viviente y me llamó la nada. Entre sus palabras acalameradas venía a conquistar mi pobreza de actividad y mi falta de constancia.

Hoy ,me llamó la nada y yo la escuché con orejas vagas y oídos prestos, hoy me llamó la nada y todo se hundió en perder un día sin hacer nada.

Pero cuán bello es aburrirse de aburrirse, no hacer nada, dejar que en este ir y venir vertiginoso de una tediosa y vorágine rutina, dejar que de uno se apodere el no hacer nada.

Es más me atrevería a decir, pararse, pararse en un mundo donde no cabe ningún parón pues si paras te ahogas o cuando menos te miran cual andante estropeado. Pero hoy me paré y nadie llamó  a una ambulancia destartalada o a un médico titulado, hoy paré , paré los motores porque lo necesitaba, lo necesito, porque no sé andar si no es con la cadencia de quien tiene la posibilidad de parar de pararse en cualquier lado, ya sea físico o inventado. Hoy deseaba parar y paré y no esperaba autobús alguno, si acaso el tren del descanso. Y aburrida ya de un parón que no lleva a nada, vuelvo encarecida a la actividad erguida, con ánimos renovados y mirada fresca y despierta,

o eso espero

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