Feliz Verano de infancia

 

Adheli te recibía, con una sonrisa de oreja a oreja y ese rostro angelical que se parecía un poco al de Heidi. Pasábamos sin enseñar carnets ni ningún  documento identificativo o preinscripción al uso, nuestra pequeña  presencia era suficiente. Y la suya imprescindible. Adheli se dedicaba a gestionar las piscinas, junto con Eloy, su marido, a las que acudíamos cuando éramos pequeños. Había también pistas de tenis, y cómo no, jugábamos al tenis. Una veranda preciosa de árboles rosados te recibía y pasar bajo ella significaba que el verano había llegado.

Pasar bajo esos árboles florecientes era pasar bajo el mismo cielo azulado de los días veraniegos. Uno sentía la frescura, la sombra de los árboles, su ventoso movimiento que emitía seguro palabras. Palabras agradables , estivales, palabras que invitaban a adentrarse en el paseo custodiado por árboles.

Teníamos rincones escondidos, entre dos pinos un escondite, en un arbusto, todo era un descubrimiento en el verano, hasta recuerdo que hicimos el funeral por un pájaro que encontramos muerto. Fue el primer funeral al que asistí y el cuidado que pusimos en enterrarlo mostraba respeto y sensibilidad infantil pero también valores  que son necesarios de adultos.

Mis primas también iban a las piscinas y juntas llevábamos revistas de casas de decoración para elegir nuestra casa, esa en la que viviríamos todas juntas…Mi hermana y yo íbamos  a ser veterinarias y, todo , así,  parecía resuelto.

A veces recitábamos poesía que aprendíamos de cualquier libro robado a una estantería como ese de “Anoche soñé que soñaba, anoche, bendita ilusión que una fontana fluía dentro de mi corazón” y recuerdo algo de un panal de abejas. De Antonio -Machado si no me equivoco.

Cuando una llamada de teléfono  llegaba a las piscinas, Adheli corría con su teléfono como unos walkie talkies a dar con el destinatario de la llamada. Adheli tenía el pelo corto y su piel era como de porcelana y con dos melocotones en los mofletes, que le daban un toque saludable y lozano. Era única, sabía estar en su puesto en todo momento y su sonrisa era de aquellas que penetran el alma con solo atisbarlas. Ella sonreía y el verano comenzaba.

Jugábamos a policías y ladrones, al escondite, más tarde al tenis, donde siempre, siempre, la chica más mona y con la rubia coleta perfecta me ganaba. En teoría me daba igual ,aunque el día que mi hermano ganó el partido de tenis que disputábamos casi reviento al darme cuenta que mi hermano pequeño se hacía grande.

La abueli se solía poner a  la sombra o no recuerdo muy bien, y las amigas de mi madre fueron lo mejor de esos veranos. Son gente de toda la vida, como diría mi madre, pero para mí ya pertenecían a mi círculo de amistades, o de gente conocida o más que conocida, muy querida y amada. Se solían situar en frente de nuestra piscina y eran a cada cual genial. Las había, la mayoría altas y delgadas con ese porte de saber estar y no sólo maneras correctas sino corazón abierto y alma dispuesta a amar, aunque fuera  a los pequeñajos que interrumpían su baño sin mojarse el pelo con salpicaduras por todas partes.

Las recuerdo a todas, cada una era de una personalidad distinta, pero de personalidad apabullante y rompedora. Después de comer mis padres, más mi madre, solía jugar al mus y mi hermano y yo nos dedicábamos a jugar.

Simplemente jugar, sin ninguna pretensión, sin ninguna mirada puesto en lo alto de ningún objetivo, simplemente divertirnos y disfrutar que es a lo que en verdad y para lo que en realidad estamos en esta vida.

Crecí fijándome en las señoras amigas de mi madre y cada  vez admiro más  la valía tanto de Adheli como hasta de Maquela, por citar un solo ejemplo. La empanada, los patucos de Maquela que hacía para mi muñeca preferida, de una amarillo que me chiflaba. señoras de las de antes, señoras que lo eran y no presumían de ello, simplemente ese señorío se filtraba en cada gesto , por cada poro de su piel.

Todo era lozano, veraniego y exultante. Todo son recuerdos ahora pero juro que viví la infancia más entrañable , divertida y especialmente bonita con la que jamás podría haber soñado.

 

 

 

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