Oda a la esperanza

 
Hemos visto cómo torres mayores caían
hemos asistido a un ir y venir de gente que las olas mecían
hemos visto hasta gente morir
lo hemos visto
con nuestros propios ojos atónitos
las conciencias dejan poco a la imaginación
y ya casi no existe la palabra perdón
pero
ahí donde caen torres, mueren poetas del cante, y todo desaparece
ahí donde todo parece un caótico embrollo de eventos
de noticias que nos sorprenden con la sucia actualidad
ahí debemos cambiar el mundo
y no me refiero a ser presidentes de un partido político
o algo así
cojamos las riendas de nuestra vida de neolítico
cojamos las ataduras bien atadas de nuestro pequeño alrededor
y construyamos puentes de amistad
en los roídos corazones de desamor
construir, ¡qué palabra!
construir es más que hacer
es mucho más que fabricar
es un hacer desde la base , un empezar de cero. Y les aseguro que se puede empezar desde cero, reinventar este mundo, empezando desde nuestro interior egotismo. Se puede, y se debe.
Veo ancianos saturados no ya de enfermedades sino abandonados en residencias a las que van a morir, veo que la gente no se preocupa de sus mayores o que se olvidan en gasolineras donde el combustible no es otro que el egoísmo, la falta de tiempo, la falta de todo , hasta de orgullo propio. Porque quien olvida a sus mayores, malcría a sus pequeños. Supongo que en la infancia está el futuro, pero no, el futuro está aquí mismo, en las acciones de hoy o en la inacción de ayer.
Hagamos, construyamos, inventemos, juguemos en fin, juguemos como cuando la dulce infancia así lo permitía.
Aquí cabemos todos , desde inmigrantes, abuelos, niños hasta los muertos caben si me apuran.
Pero siempre con la cabeza bien alta caminemos, por la senda del quehacer convirtiéndolo en juego.
Sueño que cambio mi mundo y en sólo ese soñar creo que voy alterando algo, ya sea el elemento mismo de ponerme a ello. Y vuelo. Vuelo por las grises azoteas de la ciudad y llego a los troncos de los árboles abandonados a cualquier incendio y sé que gritan. Gritan por nuestro egoísmo, nuestra falta de amor. Porque el amor no es casarse y tener hijos, hay algo más un amor más puro más esencial un amor que nos une como humanidad y nos lleva a la misión única de construir ahí donde se derribó o de derribar lo egoístamente construido.
Pero construyamos puentes de lazos de no ya condolencias o dolor compartido sino más bien dejemos que el dolor pase y , se regenere en nosotros la esperanza, el ver todo de colores, el soñar imaginando mil maneras de cambiarlo todo, de trastocarlo, pero para bien. Soñemos de colores y pintemos el mundo acorde.

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