Milongas

Hoy no quiero ser yo, hoy no me apetece ponerme el mundo por montera, ni siquiera me apetece atarme los zapatos. Hoy siento que la poesía no es sino una mentira que me digo a mi misma. Hoy siento que tengo que estar contenta, feliz, animada, pero ¿para qué? A caso no debemos reconocer que hay días en los que simplemente no queremos ser no ya ni como nosotros mismos, sino sobre todo como los demás. Nos han vendido la cultura de la felicidad y lo más extraño es que la felicidad no existe. No existe la sonrisa sempiterna ¡no! De vez en cuando, la tristeza viene a visitarme y yo, la verdad, la recibo con brazos abiertos y me dejo mecer por ella. Yo al menos intento no mentirme no ser una hipócrita más feliz, llena de cosas o de objetos que simplifican el alma. No es que sea yo un adalid de nada, pero al menos tengo mi orgullo, mi estima, aunque hoy esté tirada por cualquier suelo gris y emponzoñado. Aún así no me detengo o sí, la verdad que lo hago, me paro. Me paro , me quedo quieta y analizo no ya la situación sino que al consumismo le viene muy bien vendernos la idea de que la felicidad existe. Pues, lo siento, pero hoy es uno de esos días en que no quiero que la felicidad se asome. Ante esto, no deseo tampoco hipócritas mensajitos de ánimo o hacia delante. No. Hoy reivindico mi momento de lágrima y lo hago casi orgullosa, aunque parezca idiota, quizá porque tenemos tan metido en el subconsciente la búsqueda de la felicidad que no reconocemos que ésta aparte de no existir, muchas veces no queremos alcanzarla. Serenidad, eso sí, eso sí busco. Paz, serenidad conmigo misma y sobre todo sinceridad. Hoy me levanté llorando lágrimas vespertinas que me han dejado pegada a unas sábanas sudadas y apergaminadas. Pero no me arrepiento ni quiero ni busco consuelo, sólo que no busco nada. No busco ni siquiera un pañuelo para limpiar las lágrimas, las dejo fluir como debe ser, porque al igual que la sonrisa no la interrumpimos, o a veces sí, depende, las lágrimas deben seguir su camino ahí cerca del corazón que las produjo. Yo puedo hablar de darse de frente contra el suelo, y aún así no me siento una desgraciada, simplemente porque me he dado miles de veces contra él, pero me he levantado todas. Aunque hubiera dado igual levantarse o no, lo importante es ser consciente de dónde se encuentra uno. En fin en esta cultura del éxito rápido, de la felicidad, del optimismo y demás sandeces, me resigno yo soy yo y mis consecuencias, como alguien dijo.

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