Futuro

He estado haciendo el tonto, jugando con sentimientos con los que no se puede ni debe jugar. He estado jugando con mis propios sentimientos.

Aun así sé que cuanto más me equivoque cuanto más me encuentre con mi ya amigo desamor, cuanto más sufra y menos luche o quizá el sufrimiento sea el duelo seguido de la victoria. Aún así no me interesa ganar, para nada, ganar es de débiles, de acomplejados, de quienes suplen una gran derrota sin aceptarla con la búsqueda de una supuesta felicidad.

La felicidad no existe, desengañémonos, cuanto más tenemos más deseamos, más queremos, más ansiamos. Y quizá yo ya no busque la felicidad.

En mis ahogos de soledad aprendí a naufragar sin estilo, pero con coraje. He luchado, sí pero ya pasó. Ahora no puedo permitirme el lujo de desvariar sentimentalmente.

De todas formas, he amado, y lo he hecho con tal intensidad que se me ha congelado el corazón. Un témpano que se derrite con cada lágrima que fluye al exterior. La punta del iceberg que esconde un gran corazón. Porque muchas veces lo he dicho, siento. Y siento como si piel no tuviera, como si no hubiera protección ante el desengaño. Tomo el sol a pelo, sin protegerme de los rayos solares, tan calientes y agradables pero tan dañinos. Mi corazón está cada vez con más conchas supongo , aunque sigue tan expuesto o desnudo como siempre.

He aprendido quizá a quitarle importancia a los eventos que suceden, a hacerme un poco más fuerte, aunque dé pena el no sentir de forma casi prenatal, como nadando en el vientre de mi madre. Siempre sentí así, sólo que los desengaños,  el golpe existencial como el llanto al nacer, me han transformado. Y lo siento.

Lo siento porque me gustaría a veces volver atrás, sin cambiar nada, pero, ahora que lo pienso sufrí tanto que ni se me ocurriría volver. No volver , volvería erradicando el miedo que sentí, lo que es imposible. Al deconstruirte pierdes todo lo malo, pero tan bien lo bueno. Por malo me refiero a todo aquello que te aleja de ti misma, y por bueno a todo lo que era , de alguna forma, innato. Temo haber perdido naturalidad y haber ganado en falsedad, aún así la escarcha que aún queda de quien fui sirve para seguir sintiendo, con un poso de melancolía que deja que todo fluya hacia un susurro de “lo lograré”.

Ahora deseo ayudar. Sí. Quizá sea una hipócrita, pero me han ayudado tanto, con tanta paciencia, hasta me han permitido volver a nacer, que deseo hacer con los demás lo que por mi hicieron quienes me aman de veras. Y son pocas personas, pero ya lo creo que son.

Cuando se pasa mal, no existe la amistad, es una entelequia, pero existe la familia, el amor fraterno, materno y paterno y todo ello basta, basta para seguir adelante. Aunque supongo que con una misma también bastaría, aunque no estoy tan segura.

Dejo mi poso de nostalgia melancolía en el pasado y me aventuro al futuro con una simpática ilusión renovada.

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