Sabios diarios

Qué fácil es opinar, decir lo que uno piensa, eso se lleva mucho hoy en día pero que difícil es que a uno le corrijan lo que diga y llegue a encharcar su pensamiento y cambiarlo o transformarlo. Hoy en día, todos tenemos nuestra verdad, y la gritamos al viento con total libertad, sin pensar si quiera que hay quien muere de pena, literalmente, olvidada de la sociedad, olvidada de lo que los demás piensan o pensarán. Una vez me compararon con una persona, digamos del hampa , por decirlo así, yo me enfadé pero hoy es el día que me siento orgullosa de parecerme a los descastados, a los olvidados, a quienes luchan contra todo, contra un mundo loco, contra una sociedad egoísta , siendo yo la primera en reafirmar mi ego, llego a la conclusión de que quizá la solución esté en ceder un poco, en no ser lo más, sino quizá siendo lo menos, conformarse con lo que jamás tendremos. Yo jamás tendré la sonrisa africana o la belleza oriental, aún así no me impide celebrar que allí donde los velos sonríen a una libertad cercenada  por una decisión tomada, allí donde oriente y occidente se cruzan para matarse, para asesinarse y negarse, es ahí donde quizá esté la raíz no ya de un odio de venganza histórico sino el olvido de que quienes construyen el mundo no son quienes aparecen en Forbes, sino los pobres. Porque quienes tienen no valoran qué es no tener, no valoran que no teniendo nada puede alcanzarse la felicidad. Que la felicidad no es tener sino ser y serse. Que hasta el último harapo es un tesoro en esta sociedad de sabios diarios.

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